Precedido por premios y excelentes comentarios que legaron desde los Estados Unidos, estrenó en Buenos Aires Querido Evan de Steven Levenson, con música y letras de Benj Pasek y Justin Paul. Es la primera versión en castellano de este musical dirigido por Sebastián Irigo, que se presentó en su propio escenario, con la dirección musical de Tomás Mayer Wolf. Elenco lo integran: Julia Zenko, Laura Conforte, Fabio Aste, Guido Balzaretti, Rochi Hernández, Mariano Condoluci, Mariel Percossi, Franco Valerga y Máximo Meyer como protagonistas, Evan Hansen. El espectáculo cuenta con ocho músicos en vivo y las funciones son los jueves 20.30, viernes y domingo a las 20, más 19.30 y 22.30 los sábados, siempre en el Metropolitan (Av. Corrientes 1343).
Julia Zenko ha interpretado el papel de importantes protagonistas musicales como Hermanos de sangre o María de Buenos Aires, por nombrar sólo algunos. Al igual que Laura Conforte has quien se la recuerda por las temporadas con Casi normal y hace muy poco en Madres. Encarnan en esta historia a dos madres de hijos adolescentes, por eso el diálogo con ellas.
—¿Cómo definió a Querido Evan?
JULIA ZENKO: Como teatro musical o teatro con canciones. No soy muy fan de los musicales todo cantados, prefiero los que tienen más texto. Es una obra muy profunda, que tiene secuencias de humor y mucho movimiento escenográfico. Me gusta definirla como una propuesta donde el público saldrá conmovido, movilizado con la posibilidad de hablar con adolescentes. Podrán charlar y reflexionar sobre varios aspectos de esta historia. Aquí se ve la poca conexión de los jóvenes con sus padres, hijos plagados por la tecnología y las redes. Lo vivo cuando se acercan los padres después de la función y nos agradecen esta propuesta.
LAURA CONFORTE: Para mí entró en un rango bastante reducido de la música contemporánea. Básicamente debería crear un nuevo título como teatro musical, donde ubicaría a Despertar de primavera, Casi normales o La Piaf. Estos libros tienen una profundidad inusitada, con temáticas más inherentes a la humanidad. Aquí aparecen madres bipolares o hijos adolescentes con conflictos, lo que hace que sean propuestas más cercanas a todos. En general, se asocia a los musicales con los relatos más ligeros y blancos. Este espectáculo se te mete en el cuerpo, te atraviesa y va al alma, como me pasó con Casi normales. Creo que es el libro lo que lo pone en otro lugar.
—¿Cómo llegaron a estas madres?
C: Me llamó para hacer una prueba cerrada para el papel de esta madre. Sabía que el productor general -Pablo Del Campo- la había visto en los Estados Unidos y había salido fascinado, lo mismo le había pasado con Casi normales. Por lo general convocan a una misma generación de actrices/singers. Se buscaron dos madres muy diferentes, por sus condiciones sociales y ambas en conflictos con sus hijos. No siempre te encontrarás con un director integral como es el caso de Sebastián. Analizó el texto con mucha profundidad y luego llegaron todas las indicaciones sobre el escenario. Como es también músico tiene muy presente todos los tiempos creativos. Llegamos muy tranquilos al estreno y esto me paso muy pocas veces.
Z: A mí me convocó el productor general (Del Campo), me llamó y me contó de este espectáculo. Es un estreno del 2015, que no conocía. Me envió el texto y una canción. Lo hablé con mis hijas (Laura González) y sobre todo fue Elis (García) quien como es fanática de los musicales me impulsó a aceptarlo, ya que es una de sus obras preferidas. Me encontré preparando armar una seguidilla de presentaciones ya que se cumplen cuarenta años de mi álbum Vital, publicado en 1983.
—¿Qué relación tienen con sus personajes?
Z: Tengo mucho de esta Heidi. Mi camino fue en paralelo entre mi trabajo y mi maternidad. Me separó cuando mi hija tenía apenas un año. Hay algunas semejanzas y me sentí muy identificado. Tuve un director muy contenedor, como es Sebastián (Irigo), quien me ayudó mucho.
C: Busco aparecer esppléndida, ya que mi personaje -Cynthia Murphy- a diferencia mía es de otra clase social. Camina y se mueve con mucha distinción.
—¿Cuál es la fermentación de Evan?
C: Es un niño con un problema grave de ansiedad, está medicado y le cuesta socializar. Siento que hoy es en parte un problema post pandemia, muy conectado a los aparatos, pero que les cuesta comunicarse con la gente de manera presencial. Está trabado para dialogar con los demás.
—¿Nuestra sociedad está preparada para ayudar a estos adolescentes?
Z: En el programa de mano los productores pusieron los teléfonos de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), donde se puede pedir ayuda. En nuestra sociedad son muchos los que se ocupan de la salud de nuestros niños y niñas. Creo que aún nos falta un recorrido que transitar. Creo que esta obra apunta casi como un servicio para quienes necesitan un apoyo psicológico. También tuvimos charlas con especialistas por si al salir del teatro alguien nos pregunta y puede contestarles.
C: Somos una sociedad con mucha terapia, de allí el éxito de Casi normales. Siento que Querido Evan es también un espectáculo espectacular. Creo que podria ayudar a sanar a mucha gente. Veo aquí cierta responsabilidad social. Yo porque de alguna manera podemos colaborar. Reuniones de tuvimos con APA. Antes había que tener dinero para consultar a un psicoanalista, hoy todos los centros de salud lo tienen de manera gratuita. Es más accesible hacer terapia o pedir ayuda.
—¿Temen que nuestra realidad económica atente contra el espectáculo?
Z: Me angustia un poco la no posibilidad de que la vea todo el mundo, por un problema económico. Ojalá tuviéramos todos un sueldo digno y menos inflación. Esta puesta es nueva, no está copiada de Broadway.
C: Aquí hay la misma cantidad de músicos que en la puesta de los Estados Unidos. El productor fue muy cuidadoso y no somos muchos los musicos con tantos musicos sobre el escenario. En estos momentos no tengo miedo, veremos qué pasa cerca de las elecciones. Faltan muchos meses y quiero disfrutar este momento.

