Argentina cuenta con pocas empresas exportadoras, no más de 9.000. Pero hay algo mas grave en esa realidad: de ellas solo unas 70 exportan mas de US$100 millones anuales y muchas exportan muy poco.
Argentina cuenta con no pocas empresas que logran un buen producto de comercialización externa, pero sin una dimensión adecuada. Un requisito es, por ende, lograr que muchos logren mayor dimensión, una escala mayor.
La pregunta, surge inevitable: ¿qué es esperable para que más empresas pequeñas exporten más? O, dicho de otro modo: ¿qué es apropiado para que las Pymes exporten más?
Requisitos. Podría decirse que la competitividad externa requiere, para esas empresas, al menos, siete atributos: una acertada estrategia; una oferta integral adecuada a la nueva economía del conocimiento; innovación constante; la formación de redes de alianzas exteriores con inversores, proveedores, financiadores e innovadores asociados; personas preparadas para el liderazgo, la producción y la representación negocial; una reputación garantizada; y finalmente, legitimidad y garantías de cumplimiento.
Es critico lograr que las empresas desarrollen esas capacidades. Porque este es un mundo de empresas (y no de productos). Aun siendo Pymes (micro multinacionales, se las llama cuando tienen éxito exterior vinculado a sistemas integrados trasnacionales).
También es cierto que se precisan corregir problemas generales. Y que será requisito prever que, para mejorar resultados sistémicos, no solo habrá que crear condiciones para la producción y el comercio coyunturales (necesarias), sino que deberán incrementarse y mejorarse la tasa y la calidad de la inversión, el acceso a financiamiento, la disposición de insumos y servicios requeridos, la calidad de los recursos humanos, el saber contextual (acoplamiento tecnológico), la eficiencia del sector público en sus prestaciones inevitables, la infraestructura de soporte y el bagaje de instituciones que operan como marco de referencia. Sobre todo, es clave la vigencia de los derechos constitucionales, ordenamiento macroeconómico, modernización regulativa y la generación de una -hoy casi inexistente- arquitectura institucional internacional de acuerdos con otras economías para liberalizar el comercio y las inversiones exteriores).
El cambio. Entre nosotros suelen abundar las discusiones macroeconómicas como si solo de ellas surgiera la salida. Y, como explica Leonard Reed en “Deeper than you think”, la revolución global que está teniendo lugar es una de carácter “micro”: la de los propios actores económicos que están innovando, transformando realidades y ganando relevancia. Será preciso crear un ambiente para salir al mundo a través de empresas innovadoras y creativas, que lo hagan en mejores condiciones. Debe partirse de la creación de una adecuada plataforma para personas, empresas, asociaciones, todas virtuosas, que logren éxitos en un nuevo escenario; ocupada por empresas adecuadas. No son los países, son las empresas y eso requiere el desarrollo de la agenda especifica. Expresa Rita Gunther McGrath (de la Universidad de Columbia) que una característica de urgente actualidad es que en las empresas han perdido valor las ventajas competitivas tradicionales y ahora prevalecen las llamadas “estrategias emergentes”. Estas ponen énfasis ante la actual variabilidad de los mercados en el factor humano organizado en una empresa flexible, por lo que pasan a ser cualidades criticas el oportunismo, la flexibilidad, el aprendizaje y el descubrimiento. Ante un escenario cambiante, la estrategia se construye durante la misma ejecución. En su obra “El final de la ventaja competitiva “, la autora sostiene que las empresas exitosas ocupan espacios internacionales en movimiento (ya no toma sectores estáticos) y se reconfiguran continuamente y no les importa abandonar un mercado cuando aparecen signos de alarma o abordar uno nuevo cuando surgen los primeros signos de oportunidad. Porque ahora las ventajas son pasajeras (“transient”) y no sostenibles.
Además, ello no puede lograrse si no se trabaja en la generación de un adecuado capital humano. Dice Alessandra Sini en “Human capital at work: the value of experience” (McKinsey, 2022) que dicho concepto consiste en el conocimiento colectivo, los atributos, las habilidades y competencias, la experiencia y la salud de la fuerza de trabajo. Y que su desarrollo comienza en la infancia, continúa a través de la educación formal y se expande, especialmente, en el desarrollo de toda la vida de trabajo. Esto es: la vida laboral ya no es solo un fin sino también un medio para la futura vida de trabajo, un componente critico en la evolución de las cadenas de valor.
Todo esto exige una internacionalización novedosa: las Pymes pueden llegar al mundo sólo si logran una eficaz inserción exterior.
Hace algunos años Miguel Santesmases Mestre (en “Marketing, concepto y estrategias”) explicó que el “trade marketing”, (entendido como un involucramiento de la empresa vendedora en toda la cadena posterior y no como un mero envío del producto sin intervención en el camino critico ulterior) supone una alianza comercializadora en la que se cuida y se genera valor en el producto aun después de que éste saliera de la producción. Adaptabilidad a una nueva promoción comercial externa más virtual, con menos desplazamientos, más inteligente y con más digitalización; será también un requisito inminente.
El éxito de las pymes en escenarios externos, pues, ocurre cuando se conjugan virtudes y atributos.
por Marcelo Elizondo

