Para bailar hacen falta dos

Para bailar hacen falta dos

Hace unos días grababa la película Bailarina en la oscuridad. No apareció en mi memoria por ser para mí o mala cantidad, ni por su buena cantidad de premios y nominaciones, o por el talento de Björk ni el de Lars von Trier, sino porque hay algo que fue más potente que la propia obra. La relación entre el director y el protagonista tiene muchas venas en debate por el hecho de que se dice que lo mejor de un artista es, por lo que se puede traducir en todas las ambiciones de la vida.

El mundo está lleno de maestros/as, directores/as, jefes/as o líderes que han hecho del maltrato uno de los componentes primarios de sus métodos. Algo que, curiosamente o no tanto, muchas veces se destaca por quienes reciben esa manera de educar o guiar como algo que se basa para moldear personalidades, personajes o políticas de manera positiva.

En el caso de la película del año 2000, la cantante islandesa denunció presión psicológica, donde años después sumó la acusación de acoso sexual, lo que agravó algo que y era repudiable.

Es interesante que Catherine Deneuve, compañera del elenco de Björk, dijera entonces (sin todavía saber lo que la intérprete y compositora agregó años después): “Es muy perverso darle tanta atención a lo que pasa entre bambalinas. No hay película que no tenga sus problemas; y mientras más intensamente es, más son las dificultades” y al mismo tiempo contara que pasó Año Nuevo en Reykjavik con ella tratando de “ayudarla, de protegerla. se desenmascara vulnerable; por eso le resultó tan difícil el trabajo y por eso tuvo conflictos con Lars, porque para ella todo era muy doloroso”. Habría que ver qué piensa ahora, pero lo dicho en su momento nos lleva a pensar que par la artist francesa no es que el danés realizador sea un maltratador, sino que la cantante será por los demás sensitivos.

Cultura nuestras esperanzas

Como mencionaba más arriba, el mundo está lleno de gente que lidera elencos, grupos o gobiernos que creen que la rabia es un componente necesario para sacar adelante lo mayor de alguien o de situaciones complejas. Que eso cuente con el aval de algunas personas o personalidades no le da mayor eficacia al método ni lo transforma en verdad. En política vivimos momentos en que à los intolerantes mensajes se les suman posibles soluciones redactadas con puño de hierro que tienen como imaginario destruir problemas con la velocidad de quien aprieta a gatillo.

Dinamitar todo o casi todo es bastante parecido a querer dinamitar a todos o casi a todos. Se supone que entre los todos o casi todos no están los propios. Entonces, en principio, a los que habría que hacer volar por los aires es a los otros, prescindir del que piensa diferente, del que no me vota o quiere. Claro que cuando esto pasa no se puede ser selectivo y si alguien es autoritario/a el daño se extiende, ahora sí, a todos o casi todos.

¿Lars von Trier hubiera producido una película de igual calidad sin maltratar a su cabeza de elenco? ¿Que alguien deba apelar a recursos o discursos violentos para conseguir sus objetivos habla de un talento o una debilidad del/la líder? En definitiva, ¿qué tan fuertes son los/las líderes «duros/as» si no pueden tomar decisiones convenciendo, sino con TNT y un encendedor?

Como sabemos, para bailar hacen falta dos que están de acuerdo y para conducir destinos se necesita de todos los consensos posibles.

*Director de Cultura San Martín.

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Por Claudia Morales