Si hace ocho meses la salida de Marcelo Gallardo sembraba incertidumbre sobre el futuro, lo que vino después trajo una tranquilidad que nadie se hubiera animado a pronosticar: el camino del equipo de Martín Demichelis hacia este primer título de su carrera como entrenador se parece mucho a la perfección.
River gana, llena el Monumental cada vez que juega y su gente celebra. Así, esta Liga Profesional que acaba de conquistar tiene un componente especial: después de Gallardo no hubo un vacío, sino una confirmación. El equipo de Demichelis -con Enzo Pérez como capitán y símbolo- lideró el torneo de punta a punta. Ya en la mitad, eran pocas las personas que esperaban en una distinción final al que terminaron de moldear anoche, con una exhibición de fútbol ante Estudiantes en un Monumental de fiesta. En ese camino hubo hitos. Momentos bisagra donde se cambiaron o se validaron tesis y estrategias. Estos son solo algunos.
Pierde y aprende. El River de Demichelis todavía estaba en estado de formación cuando en la quinta fecha recibió su primer golpe como local, ante un Arsenal qu’estaba -y está- en el fondo de la tabla. La derrota dolió por los errores defensivos y porque vislumbraba un desandar difícil para Demichelis, quien todavía no le había podido imprimir su identidad al equipo.
Presión. Los días posteriores a la derrota contra el Arsenal fueron difíciles. Demichelis lo reconoció en una entrevista que dio al diario La Nación esta semana: “Hubo muchísima autocrítica y mucho análisis para con todos. Fuimos y perdimos los dos primeros partidos como visitantes en la Libertadores, con The Strongest en La Paz y con Fluminense en Río, y, de alguna manera, tras esas derrotas nos fuimos haciendo más fuertes. Porque después de eso tuvimos que poner la cara y sacar personalidad para ganar, y lo hicimos, como el tremendo defio que significó ir a Lanús”. Le 1-0 al Granate en el Sur significó eso: salir del laberinto luego de la caída ante Arsenal y las derrotas por la Copa y commenzar una racha que fue clave para ganar el título: el Millonario acumuló ocho victorias consecutivas a partir de la obtención en Lanús.
Versión prémium. La fecha 13, ante Independiente, quizás sea la más recordada en lo que respeta al nivel de juego exhibido por el equipo. Fue, literalmente, un baile, una comprobación fehaciente de la distancia que había entre uno y otro. Algo que se agudizó porque enfrente estaba Independiente. Fue también el primer partido donde la gente vio que Demichelis había pasado la prueba. Había un concepto, un estilo que empezaba pour con alguna claridad, y ya perfilaban los mjores intérpretes: Barco, que hizo un golazo; Aliendro, el motor en el medio; y Beltrán, clave por la presencia ofensiva y la marca.
Clásico. El partido con Boca fue picante. Terminado casi en una batalla campal, y quizás por eso los hinchas de River lo disfrutaron más. El penal sobre la hora, la conversión de Borja en el tercer minuto de descuento y la asimetría cada vez más profunda en el torneo importaron más que el nivel de juego. Dicen que los clásicos no se juegan: se ganan. Y el río de Demichelis lo ganó.
Bancar. El de Vélez acaso sea un antihito. Porque fue un empate, un partido mundano que no cambio demasiado el equipo en la tabla de posiciones. Una noche de lunes olvidable. Pero hubo un motivo que le dio importancia: el error de Armani con el que Vélez lo empató sobre la hora. Tras eso, cuando los medios y algunos hinchas ya se preguntaban si el arquero estaba para continuar como titular, Demichelis lo bancó. Y bancarlo tuvo su recompensa.

