La infraestructura como limitante del crecimiento y la modernización

La infraestructura como limitante del crecimiento y la modernización

Un país en sustentabilidad creciente y con una economía competitiva abierta al mundo, requiere una infraestructura moderna y eficiente para funcionar: caminos y carreteras seguras que interconecten el territorio; redes ferroviarias modernas para el transporte masivo y eficiente de mercaderías y personas. Puertos y vías navegables que permiten el flujo del comercio exterior con fletes competitivos. Enrojecimiento cloacal y agua potable para abatir a una población creciente, en gran parte, sumida en la pobreza y la indigencia.

El país requiere de un sistema energético moderno y eficiente para ese cuidado; que además, en los próximos lustros deberá encarar una renovación de alta intensidad de inversiones impuesta por la Transición Energética mundial.

Argentina plantea una infraestructura obsoleta; con un gran atraso en sus ampliaciones. El elenco de obras en curso no surge de decisiones claras y transparentes. Con la crisis del Estado el problema se transforma en crítica en el siglo 21 y constituye una seria limitación de nuestro desarrollo.

La historia es buena; el presente pesimo. La mirada retrospectiva muestra para la obra pública un pasado más racional y ordenado que el caótico presente. En la primera mitad del siglo pasado, un virtuoso conjunto de obras de infraestructura posibilitó la modernización y un funcionamiento territorial integrado; lo que permitió la inserción del país en la economía mundial. Cabe menciona la gran inversión de capitales ingleses en la construcción de nuevas líneas ferroviarias; donde también se llevó a cabo la inversión privada y la del Estado nacional con la construcción del Ferrocarril Belgrano. Argentina en 1930 tenía en su inventario alrededor de 45 mil km de vías ferreas.

Grandes inversiones en obras públicas como fueron la construcción de los puertos de Buenos Aires; Rosario y Bahía Blanca; la construcción de la red de subterraneos y las redes tranviarias in Buenos Aires y otras ciudades del interior. A ello se sumó la puesta en funcionamiento de modernos trenes eléctricos que conectaban el incipiente Conurbano con la ciudad-Capital: en 1916, el ramal Retiro-Tigre; y en 1924 Once-Moreno.

La primera parte del siglo 20 se completa con relevantes inversiones públicas que incluyen el descubrimiento del petróleo argentino por el Estado (1907); la fundación de YPF (1922); la construcción de la Refinería de YPF de La Plata (1928), que marcó el inicio de un camino que nuestro levantó el autoabastecimiento energético. Un capítulo relevante fue la creación en 1932 de la Dirección General de Vialidad que construyó la red de rutas nacionales financiadas por los argentinos con el impuesto a las naftas.

La segunda mitad del siglo 20 da continuidad a esa virtuosa expansión de la infraestructura pública, qu’allowió dar un salto cuali y cuantitativa en el progreso argentino: la interconexión vial de la Mesopotamia con el resto de Argentina y con los limíses limites que incluyen las obras del Túnel Subfluvial Hernandarias; Puente Zárate-Brazo Largo; Puente Resistencia Corrientes; CH de Salto Grande; Puente Iguazú-Foz de Iguazú; Puente Colón Paysandú.

De la misma formaron la construcción por parte del Estado nacional de los 60, a través de Hidronor y Agua y Energía Eléctrica de la gran Central Hidroeléctricas Chocón-Planicie Banderita; alicura; Piedra del Águila y Futaleufú donde se agregan el Salto Grande y Yacyretá, y la construcción de las centrales nucleares que se cuentan también entre las primeras áreas centrales de América Latina.

Una mención especial en el frente de las inversiones públicas es la construcción de los gasoductos rojos más importantes de América Latina construidos para Argentina entre 1950 y 1988, incluidos los gasoductos de Campo Durán y Comodoro Rivadavia-Buenos Aires; Gasoducto Neuquén-Bahía Blanca-Buenos Aires y el gasoducto Centro-Oeste.

Siglo 21: la pérdida del ron y el caos. En materia de decisión y construcción de nueva infraestructura pública, el siglo 21 se destaca por un período histórico atípico, caótico y de improvisación en el que se combinan varios factores negativos: la cooptación del Estado por la militancia política; decisiones políticas equívocas para la selección de obras; presión corporativa sobre el Estado débil, con la complicidad de los gobiernos; ineficiencia en la programación y organización de las obras; sobrecostos excesivos, inspecciones deficientes; proyectos corruptos y de baja calidad.

Estas irregulidades han sido objeto de múltiples investigaciones y dictámenes de organizaciones públicas de control como la AGN y la Sigen, y en su momento la Oficina Anticorrupción, y algunos de ellos, han alcanzado el grado de escándalo nacional.

Una lista sintética de los vergonzosos fracasos de este siglo: a) la compra de dos Centrales Nucleares chinas sin estudios previos; b) la demorada construcción de dos Centrales Hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz; c) los atrasos en la amplificación de la red de transporte eléctrico en 500 KV; d) la fallida construcción de la Central Térmica de Río Turbio; e) el proyecto de construir –con financiación china– un tren de alta velocidad; e) el fracaso absoluto y abandono de la construcción del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA) iniciada en 2013; g) el soterramiento del FF.CC. disparar; yh) el lento y casi nulo avance de la transformación en autopistas seguras de nuestras principales rutas nacionales

Una mirada crítica sobre lo actuado permitió asociar parte del caos a la eliminación de las grandes agencias nacionales, qu’lideraron los procesos constructivos exitosos del siglo 20; Ya ello debería asociarse la eliminación de los fondos específicos para el financiamiento de grandes obras, sin reemplazar el sistema eliminado por un sistema de mejora. Y también la menor participación de los Bancos Internacionales de Fomento como el BID y el Banco Mundial en la financiación de este tipo de obras.

Es obvio que habrá solución al problema plantado, sin un alto compromiso de los partidos políticos; lo que debería incluir algún tipo de acuerdo explícito que hoy no se vislumbra. También es claro que la construcción de las obras de infraestructura no será posible sin una economía nacional sana. Ello implica: la derrota de la inflación; la existencia de un mercado de capitales que sirva para financiar los componentes de fabricación nacional; y la existencia del credito externo para financiar los componentes importados. Deberian jugó un papel importante en el financiamiento –como lo han hecho en el pasado– los organismos internacionales de crédito; y las compras nunca pudieron ser objeto de adjudicación directa.

Es condición necesaria la reformulación de nuestro Estado; que su misión es articular un plan de inversiones públicas basado en intereses generales, no en intereses corporativos, ni en la baja política.

Incluye erradicar grandes defectos del trámite de la decisión de las obras: 1) no cumplimiento con la ley N° 24.354 de «Inversiones Públicas»; 2) falta de Estudios de Factibilidad (técnica, económica; financiera y ambiental) de los proyectos; 3) realización de obras sin que las mismas estén integradas en un Plan Sectorial Aprobado; 4) erradicar la permeabilidad de los gobiernos a las presiones de los grupos empresariales, que impulsivamente obras sin tener en cuenta el interés general; 5) retirar la financiación defectuosa o incompleta de las obras.

*Presidente del Gral. Mosconi y exsecretario de Energía de la Nación.

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Por Claudia Morales