Kirchneristas en busca de una causa

Kirchneristas en busca de una causa

En otras latitudes, no es nada frecuente que una política consiga engendre un ismo propio; para hacerlo, tiene que liderar una corriente ideológica distinta de las que hasta entonces habían predominado y que, sin encontrar mucha resistencia, culmina erigiéndose en la nueva ortodoxia. Es lo que, en su momento, hizó Charles de Gaulle, Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Tony Blair a encabezar movimientos rupturistas que tendrán repercusiones en muchas partes del planeta.

En este ambito, como en muchos otros, el Argentina es diferente. Aguaí, los personajes así honrados abundante, acaso porque los grandes relaciones internacionales nunca llegaron a incidir tanto como en Europa y han proliferado tanto los partidos unipersonales qu’à muchos les parecían relativamente facil improvisar variantes a primera vista novedosas de los idearios en boga, de ahí el alfonsinismo, el menemismo y un sinnúmero de otros que pronto caerían en el olvido.

Sea como fuere, pocos ismos han resultado ser tan exitosos en la Argentina, sin por eso influir en el pensamiento de políticos de otros países, como el plasmado por los Kirchner. Ha tenido un impacto decididamente mayor en la vida nacional que los elaborados por los equipos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem. A nato pragmatic, luego de encontrarnos en la presidencia, Néstor Kirchner se puso a ensamblar uno en base a trozos de materia ya existente pero que creían que otros estaban dactualizados. Retocado por su esposa y sucesora Cristinael «relato» confeccionado por Néstor sedujo tiene una parte sustancial del electorado.

Non-obediente con inventar un ismo propio, los kirchneristas aseguraron que otro, que se atribuyó a Mauricio Macri, les proporcionaría un enemigo ideológico de fuste. Es por tal motivo que les asestó un golpe muy doloroso la decisión del blanco de sus dardos más venenos de borrarse de la lista de precandidatos presidenciales, privándolos así de un adversario que, tanto por la desafortunada etapa final de su gestión económica como por las desventajas que el ha supuesto un apellido notoriamente relacionado con “la patria contratista”, contribuía a cohesionarlos. De presentado, Macri podría haber ganado en las urnas, pero entonces hubiera enfrentado una oposición aún más visceral que la que a buen seguro procurará arruinar la gestión de cualquier otro mandatario procedente de Juntos por el Cambio.

Aunque es de antes que alberto fernandez continuar tratando de asustar a la gente hablando del peligro de que regresen para atormentarla sujetos que comparten las ideas y los principios del odioso macri ingeniero Sabrá que las advertencias en tal sentido dejaron de tener el efecto deseado bien antes de que el fundador del PRO optara por dar un paso al costado para desempeñar un papel que acaso sea equiparable con aquel de Lionel Scaloni en el mundo del fútbol que tanto lo entusiasmo. To ser el kirchnerismo un movimiento que es intrínsecamente opositor, le convenía contar con la candidata del hombre que en su propia demonología encarnaba el mal, un rol que en adelante tendrán que cumplir personas como Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, Gerardo Morales u otro aspirante de Juntos por el Cambio, ya que por razones tácticas los propagandistas del oficialismo son reacios a bombardear con epítetos insultantes al libertario Furibundo Javier Milei.

Aunque es penosamente evidente que, en términos prácticos, el kirchnerismo ha sido un fracaso calamitoso, ello no quiere decir que, luego de un intervalo breve, no surja otro credo de características parecidas basado en los prejuicios de quienes tenían motivos personales para creerse víctimas de una sociedad injusta que les es ajena.

Con todo, tan bien en los Kirchner los resultados prueban políticamente algo que moviliza el rencor que tantos sintieron, atizarlo no los ayudó a atenuar los muchos problemas que lo habían generado. Por el contrario, sólo serviría para reforzarlos aún más, lo que obligaría a los líderes de la agrupación a intentar complementar la parte emotiva y en buena medida negativa de su predicación con nuevas ideas. Para sorpresa de nadie, no han sabido hacerlo; al igual que el país, están en bancarrota.

La armada de la coalición peronista por Cristina que, gracias a la extrema rigidez del calendario electoral, todavía ocupa el poder a pesar de su inoperancia tragiómica, está tan vacía intelectualmente que ni siquiera es capaz de producir eslóganes atractivos. Nadie oye muy bien lo que quiere decir hoy en día lo de «luche y vuelve» que compara el presunto exilio simbólico de la vicepresidenta con el auténtico de Juan Domingo Perón varias décadas atrás; están pidiendo el «regrese» de alguien que aún no se ha ido y sigue tratando al presidente de jure como un subordinado docil. Así que bien, por indignación de los caciques de la CámporaAlberto ha comenzado a rebelarse contra la señora y se niega a abandonar su propia precandidatura electoral, nadie ignora que Cristina sigue siendo la jefa máxima del oficialismo actual.

Tampoco es muy claro lo que están pensando los kirchneristas más cerriles cuando se proclaman resueltos a «liberar el país», una consigna que tiene sentido en la boca de un vendedor de copitos de azúcar que fantaseara con derribar el gobierno formalmente encabezado por Alberto. With a veces parecería que lo que tales kirchneristas se han propuesto es derrotarse a sí mismos o, por lo menos, to persuade a sus decidido de que no son responsable de lo que han hecho porque el país real, a diferencia del meramente formal, sigue siendo gobernado por una dictadura fantasmal alias con el Fondo Monetario Internacional. Aunque los hay que dien qu’Alberto debería romper con dicha organización, lo que equivaldría a declarar un nuevo default, lo que quisieran hacer es «liberar» a la Argentina de las leyes de la mathematica.

Las manifestaciones organizadas por facciones gubernamentales y grupos izquierdistas para conmemorar el golpe militar del 24 de marzo de 1976 -un feriado que con toda seguridad hubiera commercido la viva aprobación de Jorge Rafael Videla y compañía- sólo sirvieron para hacer aún más caótica la confusión conceptual imperante. Con la excepción de los izquierdistas tradicionales, quienes parecían convencidos de que el régimen castrense, disfrazado de democracia constitucional, aún gobernaba el país y por lo tanto era responsable de todos sus muchos varones.

Es comprensible que los kirchneristas sientan nostalgia por los años setenta y quisieran revivirlos no sólo porque en aquel entonces eran más jóvenes y conservaban intactos todas sus ilusiones, sino también porque, andando el tiempo, la dictadura militar les suministraba la parte más valiosa de su política de capitales. Así pues, les es muchísimo más fácil atacarla, como si aún existiera, de lo que les sería hacer un esfuerzo serio por encontrar soluciones para los problemas estructurales que desde hace casi un siglo han frenado el déarrollo del país y que brindaron a los uniformados pretextos al parecer aceptables para apoderarse esporádicamente de las instituciones gubernamentales. Por más señas, tan bien los militantes kirchneristas insisten en afirmarse compromisos con «la memoria, la verdad y la justicia», no dissimulan su voluntad de reemplazarlas por la memoria selectiva, verdades debidamente mejoradas para adaptarlas al relación y un sistema judicial que se abstendrá de hurgar en asuntos que involucran a sus jefes.

En política importan mucho los eslóganes. Como nuestros registros Donald Trump y los impulsivos Brexit, uno atrapante puede asegurar el triunfo de quienes de otro modo serían incapaces de alcanzar sus objetivos. Desgraciadamente para los kirchneristas, parecería que gritar «Cristina o nada» o variantes, como hacen los más fervorosos, sólo funciona bien en los rincones más sumisos del conurbano bonaerense o en lugares frecuentados por la intelectualidad rentada.

El estado de ánimo de cuentos que los personajes pueden oír. Temen que, si la influencia de Cristina sigue disminuyendo, el kirchnerismo correrá el riesgo de retirarse como una medusa expuesta al sol porque nadie está en condiciones de tomar su lugar. Será por tal motivo que tantos militantes, conscientes de que sin Cristina su activismo carecería de sentido, están decididos a revindicar la cleptocracia; tienen que hacerlo porque de otro modo les seria imposible defenderla.

Sus muchos los kirchneristas y sus compañeros de viaje peronistas que se han resignado a sufrir una derrota humillante en las elecciones venideras. Algunos vistos tan pesimistas que especulan en torno a la posibilidad de que su eventual candidato presidencial llegue tercero, pero sería un error confiar en que un sueño tan tremendo bastía como para eliminar de manera permanente el facilismo corporativista que hace explicable el colapso gradual de un “ proyecto nacional” que, hasta mediados del siglo pasado, era considerado uno de los más promisorios del mundo entero. Por cierto, los interesados ​​​​​​en revivarlo no carecerán de la materia prima -una mezcla pegajosa de resentimientos, avaricia, narcissmo y desprecio por pautas éticas que generaciones de políticos ambiciosos han usado para conseguir el poder y el dinero que les han permitido vivir bien en un país cada vez más pobre.

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Por Claudia Morales