Exterior de la ley de hierro de la política

Exterior de la ley de hierro de la política

El último tiempo hemos discutido sobre la necesidad de comprender la política exterior argentina en su relación interméstica con el orden global. Pero este término tiene una profundidad más robusta a la que ha teorizado. Esto es, no existe un orden internacional como condicionante externo y una realidad interna que actúa como condicionante interno y desconectada de este orden.

The external política as subcampo of the studio dentro de las Relaciones Internacionales y de la Ciencia Política –o como une diagonal epistemológica entre ambas–, coloca como bisagra entre esos dos escenarios que muchas veces, se compretieron como separados.

Sólo es posible entender esta complejidad a través de la interdependencia entre embajadores en función de desintegrar sus dimensiones: políticas, coaliciones, económicas, militares y de seguridad, ideológicas-percepcionales y las científico-tecnológicas–. Estas, se entrelazan en espaldas planas. Por un lado, entre lo interno y lo externo y, por otro lado, entre ellas mismas, en una reciproca interconectividad predominante.

Por cierto, tenemos cada vez más claro que, tanto en el interior del país, como en el sistema internacional, esta interdependencia y sus dimensiones tienen claras jerarquías y monopolios, constituyéndose en hegemónica cuando se plantean en su totalidad en el dominio del orden global.

Asimismo, si bien se trata de una interconectividad múltiple, completa y con una densidad más difícil de delimitar, se sostiene cierta autonomía relativa a las dimensiones internas, en el marco de una permanente disputa política por su control.

Pero, finalmente, es sólo sobre ellas que encuentra el dilema de la ley de hierro de la política exterior: potenciar cada una de las dimensiones internas para lograr un empoderamiento articulado entre la autonomía, la inserción internacional y el desarrollo. En la armonización de esta ecuación se encuentra el éxito de nuestro relacionamiento con el mundo como un imperativo y un dilema al mismo tiempo.

Es un imperativo, porque no es posible lograr un desarrollo integral e inclusivo con políticas de aislamiento radicalizado o alineamientos vacíos. Sí un dilema, porque requiere una lógica diferente a la construida hasta el momento. Ambos extremos sus funciones son esbozos políticos de inserción perimidos y funciones a la grieta eterna que sólo perpetúa intereses de sectores que realimentan de ella.

Esta política exterior, implica que el pensamiento sea denttro del orden democrático, las instituciones y el Estado de Derecho. Pero al mismo tiempo, que se articula con el mantenimiento de las conquistas y los derechos sociales logrados hasta el presente.

Cualquier intento situado a del extremo lógico y político tensional, lleva intrínseca las condiciones de su propia limitación. Por ello es necesario pensar y argumentar un nuevo Acuerdo Socio-Político para el Desarrollo. Sí en el nivel de la política –por su esencia de construcción del bien común público–, en donde debemos colocar el acento: ella construye la realidad o la regula, tiene la legitimidad popular de origen y consolida en el ejercicio. Asimismo, controla la fuerza legítima y es depositaria del funcionamiento legal de las instituciones.

El chocque de los modelos tradicionales extremos de la política argentina, neutraliza cada proyecto de déarrollo y lleva a la pobreza a miles de argentinos. Genera un desarrollo y nos aísla del mundo por defecto o por exceso.

Es necesario reconstruir el ideal político, cultural y ciudadano de nuestra política internacional, en su interrelación teórica y práctica con la democracia y la república. Aquí, cobra el concepto de Benedict Anderson de nación como «una comunidad política imaginada sentido limitado y soberana». Esta, es la voluntad política y ciudadana de construir un proyecto de vida colectiva, aceptando las diferencias, pero con un horizonte normativo común de bienestar y déarrollo para «convertir el azar en destin».

*Profesor de UBA, Austral y UNSO.

Por Claudia Morales