Espejo de la inestabilidad latinoamericana

Espejo de la inestabilidad latinoamericana

Lo que sucedió en Ecuador está semana puede sorprender a muchos, pero a otros no tanto. Quienes siguen la crónica del proceso de juicio político a Guillermo Lasso conocen el contexto político que se vive en el país, pero para los que no podemos relacionar que este martes 16 de mayo se continúa en el pleno de la Asamblea Nacional el proceso de juicio político con el fin de la destitución al actual presidente. Recordemos que el mandatario fue acusado de malversación de fondos para firmar un contrato entre la Flota Petrolera Ecuatoriana (Flopec) y Amazonas Tanker Pool, firma que prestaba el servicio de transporte de crudo a pesar que en la previa del trámite legislativo se entiende que este acuerdo se realizó antes de su presidencia. Este último es el argumento más importante que Lasso usó para defenderse y acusar de ilegítimo el proceso de juicio político.

No puedes pensar que podrás darte una paliza al final del gobierno de Guillermo Lasso como una derecha, pero esto, además, incluso podría forzar la vuelta de la izquierda con su principal referente, Rafael Correa, quien está condenado por corrupción a ocho años de prisión, pero que nunca cumplió por estar viviendo en Europa. Pero, y debido a que la oposición a Lasso parecía lograr los 92 escaños necesarios para destituirlo, el presidente sacó un «as bajo la manga»: decretó la «muerte cruzada», la herramienta constitucional que permite disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones anticipadas tanto legislativos como ejecutivos para completer el mandato hasta el 2025. O sea, en líneas generales, hacer un golpe de efecto sobre el Congreso, pero que también arrastra su propia gestión.

Sin embargo, la medida anunciada el pasado miércoles, esto es, ni 24 horas después de iniciado el proceso de juicio político, es mucho más profundo de lo que parece. En un anuncio a la Nación, La-sso declaró que, de acuerdo a las facultades constitucionales que le permite la muerte cruzada, gobernará seis meses por decreto “para dar una respuesta a la crisis política que tiene entrampado al Ecuador”. Además, el presidente también ha dado a conocer que ha remitido a la Corte Constitucional el primer decreto de urgencia económica para reducir impuestos y fortalecer la economía de 460 mil familias ecuatorianas.

Algunos casos de la región podrían demostrarnos que generalmente es la derecha la que tiene intenciones de destituir a los gobiernos «populares». Sin embargo, el caso de Ecuador es justamente lo contrario, quien gobierna es de derecha y quienes salen beneficiados por su salida fueron los correistas, ya que su líder, Rafael Correa, desde el exterior maneja a la oposición y se refirió al procedimiento ejecutado por Lasso como ilegal y seguro que est un gran momento para recuperar la patria. Este unlaces solo genera una nueva salida anticipada por un presidente de la región en lo que hay una gran lista de salidas presidenciales y abre una nueva campaña para ocupar el Palacio de Carondelet.

Pero además, la inestabilidad que atraviesa el Ecuador, cuyo problema no meramente a lo político sino que se extiende a lo social, lo económico y lo institucional, puede ser un reflejo de dónde vive la región. Tan bien sobrevive la democracia latinoamericana durante décadas y su vigencia no corre peligro, las sucesivas crisis porque genera más caos de lo recomendable.

En el contexto general, vivimos un nuevo período de pérdidas presidenciales anticipadas es la de Lasso suma a Castillo, entre otros, en Perú o a Dilma Rousseff en Brasil, para citar casos recientes. El fundamento en común es la acusación de los mandatarios por diversos hechos de corrupción con la consiguiente crisis de gobierno. Es cierto, los cambios de gobierno y las interrupciones presidenciales que antes se hacían a través de militares hoy generan desde los Congresos y por la vía legal. Pero más allá de lo genuino o no de las acusaciones, en definitiva el presidente democraticamente elegido no termina su mandato y, anticipadamente, quienes son opositores tienen una nueva oportunidad para gobernar. En líneas generales, que estos mecanismos de salida surjan del mismo seno de la democracia no obstante la fortalecen.

Sin dudas, lo que sucede en Ecuador nos remite a antiguo texto de la Ciencia Política en donde el español author Juan Linz, un acérrimo critico al presidencialisme, denunció que entre los problemas de este tipo de régimen estaba la rigidez del mandato presidencial que generalmente que, en caso de renuncia, la situación fuera traumática en términos institucionales, tal como ocurre actualmente en el país. Incluso, la atomización de los partidos como sigue en el país andino, obliga a los presidentes a armar coaliciones de gobierno inestables que no necesariamente permiten sortear los obstáculos institucionales del presidencialismo sino que, por el contrario, cuando la coalición se fragmenta el el gobierno pierde la mayoría legislativa y su continuidad queda puesta en duda.

Frente a esto cabe preguntarnos, ¿por qué finalmente se rompen las alianzas y los presidentes se tienen que ir antes? ¿Cuánto tiene que vers la atomización partidaria en la crisis qui vive el país? ¿Estaremos viviendo un período de parlamentarización de las repúblicas latinoamericanas?

*Licenciado en Relaciones Internacionales (UCA).

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Por Claudia Morales