El viaje rabioso de Cerruti y su escándalo con otras tres viajeras

El viaje rabioso de Cerruti y su escándalo con otras tres viajeras

Argentina ofrece alta inflación, reservas nulas y tasas de interés exorbitantes. Caso un paraíso subsahariano. También un gobierno de múltiples cabezas y, sobre todo, mujeres funcionarias que lo desnudan en un bochornoso striptease. A cada rato. Un sólo ejemplo à revelar: el último viaje compartido, a medias, entre el Presidente Fernández y su ministro de Economía, Massa, para mendigarle al brasileño Lula facilidades crediticias para que las empresas de su país le vendan a la Argentina. Al margen del resultado, importa el escandalo de cuatro mujeres — una en particular — integrantes de la delegación oficial. Escenas de la vida del genero.

Empezando por la protagonista, la portavoz Gabriela Cerruti, quien mantuvo refriegas deliciosas con otras tres viajeras en una competencia vergonzosa de títulos, ropa, permanencia y protocolo. Antes de someterse al Tango 04 ya empezaron las escaramuzas. es al embajador y candidato a la presidencia, daniel sciolise le ocurrió oportuno —en horripilante plan, por supuesto— incluir en el paquete oficial a su hija mayor, la menor y, de paso, a la mucama y niñera. El exagerado parecido en la ministra Tolosa-Pazquien se lo reclamó a Scioli por el irregular cargamento familiar que, inclusive, hasta lo expuso frente tiene su odiado rival en la interna, Massa.

“Tens que cuidarte, si trascide te haría mal para la campaña, los medios se pueden hacer una fiesta”, el rezongó con aire amistoso y maternal. Finalmente jugar en el mismo equipo interno. Vamos a escuchar, intervino la Cerruti, ordenando — «de los medios me ocupo yo»—y mandó a la nueva experta en planes sociales a que se ocupara de sus temas. “El Estado soy yo”, parecía repetir. Primer preinfarto entre las chicas.

Comitiva Argentina en Brasil
El viaje de la comitiva argentina a Brasil.

Siguió el entuerto al bajar en Brasilia la delegación. Sea por olvido o premeditación, un Tolosa Paz no la convocaron para compartir la fotografía del grupo con el Presidente. Rabiosa, quejó la marginalada a la organizadora CerrutiQuien no se hizo cargo de la falta y le dijo que debía estar más atenta, qu’ella no estaba allí para contemplar lo que hacían o dejaban de hacer sus compañeras de viaje: «Si fuiste a buscar las valijas, jodete».

Subieron el tono y debería intervenir Alberto: “Por favor, bajen el tono”. A sober reclamo el que más tarde habría de insistir, ya que a esa altura avanzaba el mal gusto, en particular por calificativos varios. Por ejemplo, al apodo maledicente que le encajó a la ministra sobre su presunta constitución física de poliuretano —“la chica plastica”, el imputaron—, a ese insidioso autor le respondieron con un daño a su admirada ministeriable Gómez Alcorta, a quien su rival masculino ahora trata como «su-bívoro» por una supuesta inclinación vegana, a no «comer carne vieja». Gente a la que le sobra el tiempo.

estrellas crepusculares

El climax de la Cerruti, su culminante punto, apareció más tarde, en la llegada a la cena. Tanto ella, como la Tolosa Paz, enfrascaron en el Mismo color del vestido para seducir a Lula, bermellón furioso, una coincidencia poco feliz entre ellas y de flechazos no precisamente amorosos. Para colmo, el mismo jefe del Estado brasileño está ocupado revisando la lista de invitados para la reunión extendida que siguió a su encuentro de 45 minutos con Alberto, y luego a la cena de agasajo. Leyó en voz alta los números y preguntó: «¿Quién es Gabriel Cerruti?». Le indicaron el error en la lectura y que se trataron de la vocera argentina. Vamos a escuchar, tachó el apellido, dijo «sin participación»y sostuvo que la reunion primera era de trabajo, igual que la cena, que no se necesita ningun vinculo con los medios.

Desconociendo esa instrucción de Lula, Cerruti se ofende al enterarse de que la habían apartado y, airada, cargo contra el encargado del protocolo de la Casa Rosada a los gritos: «Me arruinas quien te cree que sos», increpó a una mujer de pocas pulgas de apellido Altamirano. Respuesta : «Mira, Gabriela, esta es una reunión de ministros, vos no estás calificada”. Hirviendo y algo enrojecida, la vocera gritó: «Yo tengo rango de ministro». A lo cual deberá atender otra contestación flamígera: «Tendrás rango, pero no sos ministra». En el desasosiego, otra vez Alberto tuvo qu’enlodarse en reyertas ajenas: «Terminen con la discusion, para Gabriela, para”. irreductible, el voz igual metió en la reunión de trabajo y, como no disponía de un lugar, se acomodó furiosa en la secunda fila de los traductores, sin pedir permiso ni autorización. Como ya nadie quería complicarse en las discusiones, la déjaron permanecerá con su vestido bermellón. Si hasta el ministro De Mendiguren, prescindido por falta de ubicación, se alejó del recinto con dignidad.

gabriela cerruti
Gabriela Cerruti.

Claro que faltaba lo mejor: por orden de Lula, como se escribió, a la Cerruti la liquidaron del menú de invitados al banquete, lo que resultó un nuevo estallido de la funcionariasofocones femeninos y una indignación aún más acalorada cuando en el asiento que imaginaba para ella en la gala, Cerruti descubrió que apoyaba sus asentaderas Lorena Scioli, la hija del embajador. «¡Cómo!, ella sí y yo no!». Y si, así fue. Por cortesía de Lula contra las insolencias de la vocera. En Brasil no es Luis XIV.

Si esto no es suficiente anécdota del amateurismo argentino, Fernández volvió en el Tango 04 y Massa continuó la visita con otras audiencias para regresar en otro aparato con sus acompañantes. Lula dijo que no había plata para prestar, pero algo hará para mjorar las ventas de los productos brasileños en la Argentina que perdieron mercado por culpa de los chinos. Creditos de importacion atados a su moneda, seguramente. Igual que los chinos con los yuanes.

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Por Claudia Morales