La violencia con armas de fuego es uno de esos asuntos en los que EE.UU. es incapaz de ponerse de acuerdo, pero hay algo que no admite debate: puede sorprenderte en cualquier lugar. En los últimos años, han sido escenarios de matanzas una iglesia y una sinagoga, una discoteca gay y una sala de fiestas china, un supermercado local y un gran centro comercial, campus universitarios y escuelas infantiles, ciudades y pueblos, la América profunda y la cosmopolita… Este miércoles por la noche fue el turno de una bolera y de un bar de Lewiston, la segunda mayor ciudad del estado de Maine, en el noreste del país.

Un hombre abrió fuego en esos dos lugares y se dio a la fuga. Dejó al menos 18 víctimas mortales y trece heridos, en la peor matanza con armas de fuego en la primera potencia mundial en lo que va de año.

Al horror y el luto que provocan estos tiroteos se le sumó el miedo. El sospechoso, que la policía identificó como Robert Card, seguía, el jueves por la noche, suelto.

Cientos de agentes de policía locales, estatales y federales peinaban el estado de Maine en busca de Card, de 40 años, militar en la reserva y con problemas de salud mental. El sospechoso fue captado por cámaras de seguridad en Just-In-Time, una bolera enorme, con 22 pistas, una atracción para todas las edades y en la que Card tiroteó a todo lo que se le puso delante. Llevaba una sudadera marrón y un pantalón oscuro con bolsillos laterales, y empuñaba un arma de asalto de estilo militar, esas que suelen protagonizar este tipo de matanzas y que están en el centro del debate sobre la regularización de las armas.

Varios escenarios

El sospechoso mató a ocho personas en la bolera y después de dirigió a Schemengees Bar & Grill, donde acabó con la vida de otras siete. Otras tres víctimas fallecieron mientras eran atendidas en centros hospitalarios.

Nada más producirse los tiroteos, las autoridades recomendaron a los vecinos que se parapetaran en sus casas. El jueves, se decretó el confinamiento de los vecinos del condado de Androscoggin -que contiene a Lewiston- y del condado vecino de Northern Sagadahoc como medida de precaución. «Tengo las armas de mi mujer y estoy preparado para lo peor», aseguró a ‘The Washington Post’ Robert McCarthy, un concejal de Lewiston de 66 años que vive a menos de dos kilómetros de la bolera.

«Le consideramos armado y peligroso», reconoció Mike Sauschuck, comisionado del Departamento de Seguridad Pública de Maine, sobre el sospechoso. Quizá era poco decir. Un excompañero de Brad en su unidad de reservistas del Ejército aseguró a la cadena CNN que el sospechoso era un excelente tirador, uno de los mejores de la unidad, y amante de las actividades al aire libre. Un vecino de Bowdoin, un pueblo cercano a Lewiston donde Card es residente, aseguró a la NBC que el sospechoso y su familia son «fanáticos de las armas» y que están «asociados con milicias de extrema derecha».

Nada más producirse los tiroteos, las autoridades recomendaron a los vecinos que se parapetaran en sus casas

Durante la búsqueda de Card, se han conocido detalles de su salud mental que podrían haber tenido impacto en la tragedia. Fuentes de la investigación aseguraron a varios medios estadounidenses que Card había mostrado comportamientos preocupantes este verano y había llegado a amenazar con atacar su propia base de reservistas. Aquello motivó su ingreso en un centro psiquiátrico durante dos semanas.

Según la agencia AP, algunos jefes militares del Tercer Batallón de la Reserva, donde servía Card, observaron un comportamiento errático del sospechoso durante un periodo de formación en la academia militar de West Point, en Nueva York, y que fue trasladado a un hospital militar para su evaluación.

Miembros de su familia aseguraron a la prensa que estaban cooperando con las autoridades para tratar de dar con Card y reconocieron que su salud mental se había deteriorado en los últimos meses, que incluso oía voces. «Él de verdad creía que escucha a la gente decir cosas, eso ocurrió en los últimos meses», aseguró a ‘Daily Beats’ Katie O’Neill, su cuñada. «He conocido a Rob toda mi vida. Es alguien callado, pero también la persona más cariñosa, trabajadora y buena que conozco. Pero en el último año ha tenido un episodio de salud mental agudo», añadió.

Ruptura sentimental

La Policía no ofreció teorías sobre la motivación de Card para el tiroteo, pero algunas fuentes cercanas a la investigación aseguraron a la CNN que el sospechoso había roto recientemente con su pareja y que los dos escenarios de la matanza eran lugares a los que solían acudir. De hecho, la pareja se había apuntado a un torneo de bolos en Just-in-Time.

«Es alguien al que nadie debería aproximarse o tener contacto», advirtieron las autoridades sobre la peligrosidad de Card en su fuga. Esa peligrosidad y su historial de problemas mentales no le impidieron estar en posesión de armas de gran calibre, que este miércoles descargó contra vecinos de su zona.

Miembros de su familia aseguraron a la prensa que estaban cooperando con las autoridades para tratar de dar con Card

Maine es una zona muy rural, con mucha afición a la caza y uno de los estados del noreste de EE.UU. con regulaciones más laxas sobre la adquisición y posesión de armas de fuego.

El tiroteo reabrirá, una vez más, el debate nacional sobre la regulación de las armas, un asunto en el que hay una gran división entre republicanos y demócratas. El presidente de EE.UU. aprovechó la ocasión para repetir sus exigencias de que se prohíban las armas de estilo militar y los cargadores de gran capacidad.

El novelista Stephen King, quizá el residente más célebre de Maine, dio su opinión al respecto: «Son las máquinas mortíferas de fuego rápido, amigos»; dijo en un mensaje en la red social X. «Esta es la locura en nombre de la libertad. Dejad de elegir a apologistas del asesinato».