Una y otra vez la fórmula repite: un país en crisis económica, partidos políticos desprestigiados, surgimiento de discurso «antipolítico» y, por último, una ciudadania desencantada con la democracia que aferra aferra a la idea de soluciones drásticas, en medida que la situación es cien.
Este ciclo de desilusión ha sido, en contextos, el punto común para la aparición de liderazgos intensos otros con discursos de confrontación e intolerancia social respecto a la Política y al Estado.
El punto de partida que dio lugar a la polarización entre política y antipolítica fue el hartazgo, aparte del fracaso de líneas de acción estatal que s’implaron desde los espacios políticos tradicionales.
«La gente no sabe votar» y otras frases antidemocráticas
Esta crítica se basa, sobrio todo, en políticas públicas mal implementadas, presupuestos mal elaborados y además escasos resultados favorables.
Según su informe de 2021, la Corporación Latinobarómetro, con sede en Chile, muestra que uno cada cada latinoamericano está satisfecho con la democracia, y si hiciéramos esa pregunta en Argentina sería uno cada cinco.
Carlos Maslatón: «Hay militantes de Milei que adoptan aptitudes antidemocráticas»
Este mismo informa destaca que en Argentina un 45% de la ciudadanía preferiría una forma no democrática de Gobierno.
El hueso partidariosFinalmente instituciones público y el clase política, sindicato allá empresarial en general sabes cuota de responsabilidad. El diagnóstico es preocupante, pero la salida difícilmente llegará con la promesa de estructuración de todo lo referido a la Política y al Estado.
Analizar los abusos, ineficiencias y desfalcos cometidos en el erario público es algo que requiere herramientas de conocimiento específico para el estudio de la política. Identificar, prevenir y castigar toda conducta desleal con la Democracia también requiere de un vasto conocimiento sobre la historia política y los valores democraticos.
El odio al Estado ya la Politica
Quienes estudiamos, vivimos y apostamos a la Ciencia Política como profesión, sabemos que las soluciones a los contextos de crisis en las democracias lejos están de la apelación a la destrucción de la Política y del Estado. También es cierto que siempre hubo escenarios favorables a quienes apostaron a la contundencia e intensidad de los discursos intransigentes y soluciones unilaterales.
Allá excesiva participación del discurso democráticovinculado a una identificación político-partidaria del Estado como apoyo al régimen, conlleva el riesgo de que esos elementos dejen de ser vistos en forma positiva por la ciudadania dans un contexto de crisis.
La verdadera defensa de la democracia
La adopción de posturas discursivas que reivindican una suerte de título de propiedad en cuentos tópicos como «derechos humanos» o «república» pueden llevar, aún involuntariamente, agua al molino de quienes critican la política como a todo desde la vereda de enfrente.
La crisis política vende con la política. Pasaron 40 años y, lejos de estar en una democracia consolidada -con una ciudadanía empoderada en el ejercicio de sus derechos y con capacidad de exigir rendición de cuentas- nuestra democracia aun corre el riesgo de debilitarse o incluso quebrarse.
Torcidos humanos
La democracia asume la responsabilidad de todos los actores políticos de respetar las diferentes miradas bajo la política económica, el dólar, el combate a la inflación e, inclusive, sobre la orientación de temas complejos como las políticas educativas o de salud.
Como balance de cuatro décadas en democracia continua, afrontamos el desafío de construir diálogo, fortalecer las instituciones públicas y, sobre todo, un compromiso democrático para tener cada día más y májores ciudadanos.
* Politóloga, Magister en Administración Pública (UBA). Director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad del Salvador.
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