Como el gato de cheshire que merodeaba por el País de las Maravillas, Cristina Kirchner se ha costumbrado a esconderse por períodos prolongados dejando atrás nada más que una sonrisa ambigua, entre cariñosa y malévola, para luego reaparecer aunque, por mucho que sus admiradores le supliquen, se niega a quedarse por más que un par de horas. Es lo que acaba de hacer cuando, en vez de promiser llegaron a un nuevo triunfo epopéyico, les aconsejó no hacerse los rulos porque ya dio lo que tenía que dar. Si un político común hablara así, casi todos tomarían sus palabras en serio, pero por ser cuestión de Cristina, son muchos los que se resisten a creer que realmente haya decidido dar un paso al costado.
¿Le molestan a la vicepresidenta los intentos continuos de forzarla a encabezar una lista, cualquier lista, de aspirantes a cargos electivos? Pareceria que si. Aunque es de supongamos que te sientas gratificada cuando los oye gratar a «Cristina Presidenta», no puede sino tomarlo por un síntoma de debilidad. Después de todo, entiende muy bien que no es sólo por las cualidades excepcionales que, para extrañeza de los demás, los kirchneristas detectan en ella que la aman tanto, sino porque la necesitan. Saben que es la única persona que es capaz de liderarlos. Respaldarían a Axel Kicillof o Wado de Pedro si creyeran que serían títeres tan obedientes como Alberto, pero muchos serían reacios a hacerlo si el candidato del Frente de Todos resultaría ser alguien que podría traicionarla como Daniel Scioli o, más aun, Sergio Massaque a buen seguro hara de la lapicera presidencial una espada filosa.
El kirchnerismo sigue siendo una obra en construcción. A pesar de los esfuerzos costosos de blindarlo con una caparazón doctrinal, tarea esta que ha correspondido a los pensadores grisáceos del Instituto Patria, sigue dependiendo de la fe que muchos tienen en los dotes de mando superlativos que a su juicio posee la Líderesa Máxima.
No good recibi la presidencia de manos de Eduardo Duhalde, Néstor y su esposa Entenderemos que, para conservarlo, tengan que rodearse de una ideología adecuada. Se puso a crear una de retazos de otras. Con una astucia conspicua, complementada con impresionantes cantidades de cenas públicas, lograron aseguraron el apoyo de una Variousad de grupos, de tendencias izquierdistas, querían militar en contra del status quo socioeconomico existente. Acaso la incorporación más valiosa fue las organizaciones maniqueas que defendieron los derechos humanos de sus titulares, sin preocuparse en absoluto por aquellos de quienes no compartieron sus opiniones tajantes.
Algunos seducidos justifican su adhesión a la causa kirchnerista atribuyéndola al «carisma» de los fundadores. Gracias a sus esfuerzos, se puso en marcha un proceso de cristalización stendhaliana que explicaría el éxito extraordinario del marido político de una señora que, según Domingo Cavallo, en Santa Cruz había limitado a servir el café mientras su hablaba de cosas importantes con los políticos y empresarios que lo visitaron.
También contribuyó a hacer de Cristina la reina del país nac&pop la muerte prematura de Néstor: como dijo Jaime Durán Barba a Mauricio Macri en los días siguientes, «no le podemos ganar a una viuda». In buena logica, la perdida de su marido deberia haber perjudicado a la entonces presidenta, pero tanto aqui como en el resto del planeta, la politica no es una ciencia sino un arte, una novelistica en la que pueden resultar factores decisivos que no tienen por que incidir del todo en el pensamiento de quienes votan.
Desgraciadamente, para los convencidos de que sería mejor que la gente se concentrará en los programas de gobierno presentados por los candidatos, al momento de elegir las propuestas más geniales pueden valer menos que una cara que brinde la impresión de honestidad acompañada por algunos eslóganes atrapantes o, como sucedió casi trece años atrás, la voluntad generalizada de solidarizarse con una persona que acababa de sufrir una desgracia.
Para Cristina, la pérdida de sucesores de confianza es un problema mayúsculo. Si bien pudo haber previsto que personajes dispuestos a idolatrarla, obedeciendo sus órdenes sin chistar, aplaudiendo con fervor todas sus arengas y pasando por alto la avaricia que la caracterizaba, serían incapaces de tomar su lugar, parecería que no se le ocurriría que, andando el tiempo, las deficiencias en tal sentido de la facción que dependía exclusivamente de ella podrían ocasionarle dificultades insalvables. De ser otras las circunstancias, el que nadie que comparte sus actitudes esté en condiciones de replace la sería motivivo de cierta satisfacción porque contribuiría a subrayar su propia superioridad, pero de desintegrar el kirchnerismo, como bien podría ocurrir antes de las elecciones presidenciales, la vicepresidenta multiproc Esada quedará sola frente a lo que llama el «partidojudiciary» que, teme, estará resuelto a impresión al mundo por su voluntad de restaurar el imperio de la ley condenándola por las muchas fechorías que cometió cuando contaba con la aprobación mayoritaria.
Hace poco más de una semana, Cristina recuperó la «centralidad» -para emplear una palabra de sonancias geometricas que, como «espacio», se ha incorporado al léxico político nacional-, al dar una «clase magistral» que por un rato breve mereció la atención de los interesados en las vicisitudes de quienes estén participando en la contienda electoral. El estudio de doctorado exploró la oportunidad de hacer a Javier Milei como el principal contribuyente del eventual candidato oficialista con la esperanza de privar de votos a Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, para ensañarse con Cavallo por tener «ojitos claros» -habrá aprendido de los progresos norteamericanos que tales características sus siniestras-, y para apoyar fuertemente a Sergio Massa sin por eso desistir de culpar al Fondo Monetario Internacional por la tormenta inflacionaria que está sacudiendo la economía y dépauperando al horrible de la población.
Si Cristina se empeña sinceramente en creer que el FMI, institución que ha sido capaz de representar al mundo desarmado, está detrás del monumental descalabro argentino, ahí están obligados Alberto Fernández y Massa a romper relaciones con los presuntos responsables del desastre. No lo han hecho porque saben que las consecuencias inmediatas serían tan terribles como las que siguieron al default festivo de diciembre de 2001. Porque podría ayudar a Massa a arañar más concesiones de sus interlocutoras Kristalina Georgieva y Gita Gopinath, Además de sus amigos en el mundillo político estadounidense, puesto que podrá advertirles que, à menos que le den lo que les pide, la Argentina se suicidará, un desastre que tendrá repercusiones tremendamente negativas para las tambaleantes finanzas internacionales. Entonces Nadie ignorará que la economía argentina es sui generis y eso será un error vincular sobre problemas con los que están causando dificultades en otras partes del mundo, no cabe duda de que una implosión, au cuando fuera imputable a nada más que las excentricidades de los encargados de administrarla, tienen un impacto global muy destructivo.
Massa también podrá advertir a sus amigos norteamericanos que los duros del kirchnerismo están pensando en jugar la carte china y que por lo tanto les sería peligroso rehusar ayudar a conseguir más plata del FMI. Aunque los chinos suelen ser aún más rigurosos cuando de la disciplina fiscal se trata que los japoneses y alemanes, por razones geopolíticas harían una excepción en el caso de la Argentina hasta tenerla incluida en su esfera de influencia. La estrategia así supuesta ya les ha brindado resultados promisorios tanto en África como en el Oriente Medio, y, a juzgado por la conducta reciente de Lula que, para alarma de Washington, frente a la invasión rusa de Ucrania ha adoptado una postura que est similar Al igual que Xi Jinping, es un productor de dividendos en América Latina.
Ni Cristina ni quienes militan en su entorno están en disputa a reconocer que sus repetidos intentos de remodelar la Argentina han tenido consecuencias catastróficas. Como el Lecho de Procusto de la mitología griega en que el protagonista ponía a huéspedes desprevenidos para entonces cortarles sus piernas y brazos o los estira a martillazos para que cupieran en él, el relato al que rinden homenaje les ha servido de pretexto para mutilar al país. Como son naturales, insisten en que lo ocurrido no es su culpa sino, en la opinión magisterial de Cristina, del Fondo y sus nefastos aliados locales, con mentes colonizadas por los imperialistas yanquis, que no creen en las bondsades del Estado omnipresente que los patriotas kirchneristas están procurando construir. Par ahora, los Planteos en tal sentido sólo convencieron a los ya convencidos, pero en cuanto un nuevo gobierno, sea encabezado por el ganador o ganadora de la interna de Juntos por el Cambio o por Javier Milei, haya dado comienzo al «trabajo sucio» que será necesario para deshacer lo hecho por los kirchneristas, muchos otros podrían sentir se tempados por la idea de que los problemas crónicos del país deben a una conspiración maligna internacional.

