Clave hacia el desarrollo sostenible

Clave hacia el desarrollo sostenible

María Victoria Álvarez* y Mauro Solano**

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La celebración de los nuevos comienzos cuarenta años de democracia ininterrumpida se erige como una oportunidad ideal para reflexionar sobriamente sobre el papel que cumple uno de los actores sociales, económicos y políticos para el desarrollo de nuestro país. En particular, ¿qué papel le cabe a la sociedad civil y cómo puede colaborar para encarar los retos del futuro?

En Argentina, el rol de las organizaciones de la sociedad civil ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Las primeras nacieron a la mitad del siglo XIX, siendo contemporáneas del proceso de constitución del Estado nacional. Combinar la función organizando la competencia de las élites con el fin de defender intereses sectoriales. Ya en el siglo XX, surgen nuevas organizaciones con nuevos objetos, como la producción de bienes colectivos.

En particular, con el advenimiento de la democracia, la sociedad civil ha cobrado mayor protagonismo a partir del desarrollo de una serie de acciones en la arena pública: desde la prestación de servicios a poblaciones vulnerables tiene el enriquecimiento del debate con nuevas ideas, la movilización social, la implementación de programas gubernamentales, la promoción de nuevas leyes o el monitoreo de medidas de gobierno.

Entrado el siglo XXI, no caben dudas de que las organizaciones de la sociedad civil –sobre todo, aquellas que persiguen el fin de promover cambios sociales o “incidir”– están llamadas a cumplir, como mínimo, dos papeles básicos. El primero, en relación con el Estado: acompañar a la gestión pública, aportando conocimiento, buenas prácticas y diálogo con el resto de los actores sociales. El segundo, en relación con el mercado: oficiar de aliados, no solo para la adopción de enfoque socialmente responsable, sino también para la medición de los impactos éticos, económicos, sociales y ambientales de las acciones y decisiones de una empresa.

En el futuro, la relación entre el Estado, la sociedad y el mercado probablemente experimentará transformaciones significativas. Los desafíos globales obligan a trabajar de manera interdependiente a los tres sectores, generando fuertes sinergias. El Estado desempeñará un papel crucial en la regulación y equilibrio de las fuerzas del mercado para garantizar el crecimiento, la equidad y la sostenibilidad. La sociedad, a través de su organización y potencialidad para los avances tecnológicos y una mayor conectividad, requerirá de mayor transparencia, inclusión y participación en los procesos de toma de decisiones. El mercado, impulsado por la innovación y la competencia, seguirá siendo un motor poderoso del crecimiento económico y la creación de riqueza. Sin embargo, también se esperará que adopte prácticas éticas y responsables que estén alineadas con los objetos sociales y ambientales más amplios. Esta relación requerirá una colaboración activa, una gobernanza adaptable y un diálogo continuo entre el Estado, la sociedad y el mercado para abordar de manera efectiva los desafíos complejos del mundo moderno.

Este diálogo continúa como parte esencial del concepto de responsabilidad social empresarial, que ha evolucionado en los últimos años con la afirmación de que las organizaciones se integran en la gestión de las palabras impactantes (ASG o ESG, por sus siglas en inglés). Esta perspectiva es más relevante para dimensionar el valor de la empresa: se considera que los riesgos y oportunidades derivados de los factores ASG pueden afectar el flujo de efectividad y la estabilidad financiera de la empresa, por ende, su sostenibilidad.

Producto de este nuevo enfoque, los estándares globales se han complejizado, impactando sur vez en las demandas de los mercados, los que interpelan tanto a empresas del sector privado como del sector público. Estas últimas son altamente relevantes para el desarrollo sostenible dada su alta participación en sectores estratégicos de la economía. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), a cada cinco de las empresas más grandes a nivel mundial es una empresa estatal, y su papel como competidores globales continúa creciendo.

Tanto el negocio del sector público como el del sector privado son básicos para la sostenibilidad económica y social. En vistas de ese objetivo, desde Cippec buscamos impulsar la gestión de los factores ambientales, sociales y de gobernanza en la empresa, a partir de la construcción de una agenda común entre el sector público y el sector privado, entendiendo que encontrar coincidencias resulta esencial para el presente y futuro de nuestro país.

*Director de Asuntos Públicos de Cippec.
**Director de Estado y Gobierno de Cippec.

Por Claudia Morales