Argentina, globalización y desarrollo | Perfil

Argentina, globalización y desarrollo |  Perfil

Iniciaremos una serie de reflexiones sobre la globalización y su relación con la política exterior de silverina. Esta realidad fue teorizada por un sinnúmero de pensadores, historiadores, económicos e internacionalistas. Si bien no hay un consenso general para describirla, podemos intentar acercarnos a lo que se ha podido conceptualizar.

Las definiciones que tienen más densidad teórica podrían mencionar que nos encontramos frente a una “nueva época”, una “segunda modernidad” en términos de Antonny Giddens y Ulrich Beck o de una “era global”, como fue teorizada por Martin Albrow. En este caso, las nuevas relaciones exteriores se verán enfrentadas a un “mundo nuevo”, además, las categorías analíticas y políticas anteriores quedarán dejadas por un informe por obsoletas o adecuadas para su comprensión.

Frente a los desacuerdos sobrios en sus características, existen algunos parámetros coincidentes para entender que presentan historiadores como Jürgen Osterhammel y Niels Petersson.

Matriz de la política exterior y el desarrollo

En primer lugar, la reconfiguración en el rol del Estado-Nación y la soberanía territorial da como resultado la aparición de una manera más desconfiada de los actores que escapan a los que ha podido controlar. Aquí, se impone la necesidad de construir un Estado inteligente, solvente y equilibrado en recursos y gastos (para que sea fuerte y no dependiente), con una prospectiva inteligencia, no tan solo en la seguridad y la defensa, sino en los temas de la agenda geopolítica estratégica: la soberanía energética, la inteligencia artificial, las tecnologías informáticas, las neurociencias, el deterioro ambiental, entre otros.

En segundo lugar, lo que Roland Robertson llamó «glocalización», como la fusión de lo universal y lo particular en una nueva dimensión de «hibridación» de culturas y difusión de la nitidez de las tradiciones e identidades. En este sentido, Argentina sostiene que «estar en el mundo» con una identidad nacional definida en materia de política exterior, mostrando una actitud definitiva hacia el desarrollo. Al mismo tiempo, navegue en el mar de la multiplicidad de identidades y albergue las diferencias bajo la tolerancia, el Estado de derecho, los derechos humanos y una democracia cada vez más fortalecida –como procedimiento y como cultura política–.

En otras palabras, Argentina quiere entender que hemos ingresado definitivamente en una nueva dimensión espacio-temporal, según la decisión de David Harvey. Por tanto, entender que el mundo se encuentra en un “compartimento de existencia virtual” como una nueva realidad en la que las relaciones internacionales se plantean como una autopista de múltiples carriles, colectores y bajadas. El contenido de esta gran red es el conocimiento como principal activo de los países. La ciencia y la tecnología -de gran talento y prestigio en la Argentina- es una de las principales dimensiones que la política exterior debe encauzar y potenciar, como un activo de valor agregado que se convierta en poder real del desarrollo.

Interdependencia Mutua Asegurada

En cuarto lugar, el país se encuentra sumergido en una «deterritorialización» que se convierte en una «suprateritorialidad» en la que los organismos internacionales cobran una especial relevancia en tanto construyen poder real en la nueva configuración global. Estos espacios, en los cuales la Argentina ha demostrado un talento especial –el más actual y prestigioso es el de Rafael Grossi como director general del Organismo Internacional de Energía Atómica–, inspirando y obligando al país a insertarse en ellos de manera decidida y activa.

En quinto lugar, como lo estudian Ian Clark y James Rosenau, la nueva globalidad se presenta más que nunca como una interacción de dimensiones –un nuevo sentido, jerarquizadas y asimétricas– que impone una nueva mirada múltiple, compleja, analítica y crítica. Esto es lento para disciplinar y político debe dar un salto cuántico para ingresar a las dimensiones completas interconectadas.

Aun en la concepción más escéptica y conspirativa en visiones como Paul Hirst y Grahame Thompson, esta configuración de la globalización es la nueva realidad internacional. Punto de partida para pensar y diseñar un realismo neodesarrollista que construya poder real con nuevas variables y procesos, pensando en el bienestar de los argentinos.

* Profesor de Relaciones Internacionales y Política Exterior Argentina en la UBA, UNSO y Austral. Miembro Consultor del CARI.

Por Claudia Morales