Veinte años pasaron desde aquella asunción con una anécdota del flamante presidente golpeando la cabeza. Sí, era Néstor Kirchner. Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Más allá deaciertos y errores, de fanáticos y detractores, lo cierto es que se inauguró otro modelo de país, con nuevas y viejas variables. Duró doce años en el poder, y aún lo hace. Porque el poder es de quien lo construye, lo consolida y lo sostiene; y hoy, no hay construcciones semejantes, aunque la merma de esos doce años, mar inocultable. Si hay algo que el kirchnerismo privilegiado desde el primer día, fue un lenguaje simbólico tan visible y resonante, como los liderazgos de Néstor y Cristina. Y esto fue así porque la consolidación de este poder político siempre produjo un recurso que presenta desde el principio de la humanidad: la comunicación.
Como una espiral, desde el sistema de creencias de Néstor y Cristina, fue generándose una ingeniería sociopolítica dando la visión del poder, la política en tensión y las asimetrías domésticas y externas no fueron ajenas a este período.
Roberto Russell afirma que “los líderes tienden a actuar conforme a sus creencias, y en consecuencia, estas últimas influyen en su comportamiento. Las creencias funcionan como un marco para el diagnóstico y la acción cuya importancia aumenta en la medida en que se dan ciertas condiciones” (1996).
Así, bajo un sistema de creencias sufrido por haber transitado en su época universitaria un genocidio con treinta mil desaparecidos, y bajo un ideal, quizás un tanto utópico, bajo su cosmovisión, de un mundo mejor, al menos, más igualitario. Definitivamente el marco de creencias de Néstor y Cristina tuvo el sello de una epoca a la que le dijimos Nunca Más.
Este marco, tuvo su diagnóstico centrado en la marginalidad, inequidad, exclusión social, pobreza. Solo por mencionar algunos. Desde allí que la acción se transforma directamente en políticas públicas con un eje en la igualdad, la inclusión y los derechos. Aunque haya otras. Y aunque hayan existido políticas que fueron fracasos. Las políticas como respuesta tuvieron rostros visibles: Plan Conectar, AUH, Matrimonio Igualitario, Ley de Identidad de Género, etc.
Estas políticas responden por supuesto a una ideología, con diferente contexto. Diferente porque no es la epoca de Perón. Y porque las creencias, tienen ese marco de época. Encontramos un gran componente simbólico, desde el momento en que una parte del peronismo empieza a llamarse «kirchnerismo», porque es una diferenciación, una valencia, al igual que banderas como los derechos humanos. Bajar un cuadro de Videla. Eso es puro simbolismo. También el lenguaje es ideológico. «La patria es el otro», es una connotación frente a la desigualdad, que sería una denotación de cómo se percibe la pobreza. El uso de palabras que crean pertenencia, identificación. La Jefa. Avanti morocha. En una parte de su libro Sinceramente, Cristina expresó “Yo no creo en los neutrales, se habrán dado cuenta. Creo que para neutrales están los suizos…”. Bueno, es toda una declaración política. El relato de los gobiernos kirchneristas hizo uso de lo que Jung llama arquetipos, figuras que presentan ciertas características y roles. Los liderazgos de ambos fueron por momentos paternos y maternos, pero también el guerrero y el héroe, y así se construyen los tableros bélicos integrales. Además creencias, ideología, simbolismo y mensaje. Amigo enemigo. Y así fue, la lucha contra el FMI, la Ley de Medios, la «corpo», el campo. Por eso la frase: «¿vos de que lado de la mecha te encontrás?». Otra connotación de «dale, tomá posición». Nadie escapa a las estructuras. Ni a las coyunturas. Hace veinte años, cuando el kirchnerismo empezaba a caminar, Argentina estaba sumida en una profunda crisis. Veinte años después, a pesar de ser una realidad diferente, Argentina pelea por levantarse otra vez.
* Ciencias Políticas. Máster en Relaciones Internacionales. Analista Política.
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