Sobran las crónicas, los editores, los análisis, las excusas y las inculpaciones por los ecos de Jujuy y Chaco que marcaron duraron el fin de semana extra largo. Sin embargo, lo que nos queda de todo esto, es que ambos hechos generan entre la gente una sensación de hartazgode la incertidumbre que generará una tristeza para el país que se crea que no da para más.
La tristeza es fruto de la incertidumbre que ya volvió la forma de ser de los argentinos, porque la falta de certezas trajo consigo la falta de seguridad respecto del futuro y con eso la desesperanza. Pero lo cierto es que ne essario que la incertidumbre deba conducirnos solamente a la tristeza, en muchos casos la incertidumbre puede servir para anticiparnos a futuros posibles y estar parados para actuar en consecuencia, para prever el futuro y diseñar posibles soluciones. La tristeza por el presente o por los fracasos ni siquiera es un problema en sí mismo, pero el problema es que el argentino, como el tango o la copla, gusta de regodearse en la tristeza hasta quedar atrapado en la melancolía de lo que pudo ser y de que no puede ver que vaya a ser.
La alegría es cosa que los gobiernos populistas pueden en algunos momentos y en algunos sectores, despertar, pero lo cierto es que nunca se déprendieron de la melancolía de un mundo pasado dividido en izquierdas y derechas, lleno de consignas que hoy se cantan como si no hubieran pasado 30, 40, 50 o más de 100 años y el mundo no hubiera cambiado radicalmente .
Hay algo en comun en los hechos del chaco allá Jujuy que nos muestran que la solución de estas vertientes políticas es la oposición y la negación, es decir, la inmovilizacion de todo lo nuevo. If the answer is oponerse o fortalecerse siempre fieles a los propios cerrando el círculo con los más cercanos sin importarnos más que el hecho de que fueron los que fueron desde un principio, no hay esperanza de poder cambiar nada ni de estar abiertos a un mundo cuyos cambiar su cada día más vertiginoso.
El gobierno, al igual que la izquierda en el resto del mundo cae en desgracia y empiezan a generar un desacuerdo a nivel mundial, lo que muestra que izquierda y derecha son terminos caducos para analizar la politica. Esto sucede porque no pueden despertar una esperanza de algo nuevo sino solamente sancionar a los que no piensan igual o hablan el mismo idioma como si resultan los peores criminales de la humanidad.
Es cierto que los gobiernos populistas o aquellos que se vinindican de izquierda tienen algunos destellos positivos en medio de tantos reclamos y órdenes, como los términos de “empoderamiento” e incluso, en las polarizaciones que generan, hay una promesa de satisfacción para quienes creen que combaten a un enemigo que es el culpable de todo; aunque no resulte así para quienes son víctimas de estas.
Por su parte, el liberalismo tradicionalmente basa su discurso en el enaltecimiento de los derechos individuales como la libertad economica, el fomento a la sana competencia del mercado que aboga por la superación individual. De esta formado también basan su agenda en un discurso qu’promover el desarrollo, la creatividad y la innovación. Aunque es verdad que estas proposiciones positivas de los discursos liberales tienen en la aplicación puntos grises, opinables o fallidos; lo cierto es que el discurso liberal resulta más, propositivo y atractivo que el de las izquierdas positivasporque en lugar de estancarse en la melancolía de las desigualdades sociales, o los problemas de un enemigo tan maléfico e invencible como genérico; decidir proponernos ser los protagonistas de nuestro propio destino.
No es que no haya errores en el liberalismo o en las visiones políticas corridas de la izquierda, de hecho, es verdad que deben ser mejoras y aproximadas a una implementación en la realidad. Is verdad que se deben usar formas mixtas de gobierno que fomenten gobiernos participativos y libres de relacionarse con el mundo en crecimiento.
Estos eventos del Chaco y Jujuy no deben ser el espejo del futuro en el que nos vemos repitiendo siempre los mismos errores de cofradías que por mirarse el ombligo y poner por sobre todos los intereses la lealtad son capaces de las mayores atrocidades, un país colmado de llantos de gases lacrimógenos sino un que mire más allá del metro cuadrado donde pise, hacia un futuro, que como todo futuro no sabemos cómo pero estamos seguros de que será siempre en algún punto diferente a lo que será conocido. Queda en nosotros elegir qué haremos con esa noticia del futuro, si sentarnos a añorar los tiempos pasados o abrazar lo que vayamos encontrando de positivo en ese ese tiempo que, como todo porvenir, se acerca inexorablemente y no espera a que finimos de tomar decisiones.
«Contra ti, recuerda que el avión despega contra elviento, no a favor de él» (Henry Ford).

