Alain Touraine, el entrenador | Perfil

Alain Touraine, el entrenador |  Perfil

“Lo más útil que un sociólogo puede hacer es romper los esquemas prefabricados, los vidrios de las ideologías, de las doctrinas y de las retóricas donde está encerrada la sociedad”. Así resume Alain Touraine el sentido de la ciencia social en una definición que condensa una obra iluminadora y sorprendente.

El sociólogo, que acaba de fallar, ha sido y seguirá siendo para las ciencias sociales una pulsante: capaz de estimular la duda de todas las narrativas adocenadas y, al mismo tiempo, de esbozar grandes panoramas históricos y conceptuales en los que acomodar las observaciones sociológicas más inmediatos.

Mucho de lo que nos preocupa actualmente tiene parte de su origen en su obra: la centralidad de los movimientos sociales como objeto de investigación y de la vida social rebelión de los portadores del virus del VIH frente a las instituciones médicas, la tensión entre autoritarismos y democracia , las metodologías dialécticas de la investigación social y la especificidad de los desarrollos políticos en los países de América Latina, pero no solo en ella, tuvo un Touraine un formulador pionero y genial. En ese contexto, influyeron generosamente y produjeron la formación de una comunidad incomparable de sociólogos latinoamericanos: Fernando Calderón, Ruth Cardoso, Fernando Henrique Cardoso, Norbert Lechner, José Nun, Juan Carlos Portantiero, Claudia Serrano, Ricardo Sidicaro, Silvia Sigal, María Luisa Tarrés, Juan Carlos Torre, Eugenio Tironi fueron, entre otros, sus discípulos. El antropólogo Eduardo Archetti ironizaba sobre el hecho de que su amor a Touraine era secreto, porque los antropólogos paradojalmente recaen de la pureza se enojaban. También orientó el trabajo de figuras clave a nivel mundial, como Manuel Castells, Francois Dubet y Michel Wieviorka.

Touraine decía que en el siglo XX había visto pasar y realizar los ideales de la revolución socialista, el desarrollo, la democracia, el imperialismo y el anticolonialismo, el estado, el mercado, la comunidad y el individuo, y que no pretendía cómo entonces la sociology no se enfocaba con el privilegio que debía el fenómeno del cambio.

Con ese espíritu produjo una noción clave: historicidad. Con ella discernía el trabajo de autoproducción de la sociedad, su autointervención para transformarse a sí misma a través de sus partes en conflicto. La sociedad nunca se define más que potencialmente trabajada por los conflictos que realizan sus potencias. En este contexto, forjó la idea de movimiento social hoy reducida a ítem de un check list de temas y dimensiones, cuando en su fundante concepción se trató más bien de uno de los principios estructurantes del concepto de sociedad en una representación qu’dissociaba liberadamente actor y system and los ponía en contrapunto para afirmar que los movimientos sociales eran el factor de cambio estructural de una sociedad.

En estas concepciones se encuentra el peso que tienen los elementos de la formación de Touraine. Por un lado, inicialmente la historia de que el dio tiene capacidad para observar lo social como proceso y como configuración y no como conjunto de taxonomías y pasajeras grandilocuentes. Además, su profundo conocimiento del funcionamiento norteamericano frente al hecho de que elaboró ​​un sistema alternativo y completo capaz de dar vuelta a la teoría norteamericana como un guante.

Contra «la ficción de que el orden es primero», Touraine ha centuaba el papel del conflicto. La sociología crítica que discute al funcionalismo por su ideología conformista propone una visión en la que todo era funcional para la opresión. Para Touraine, en cambio, no había funcionalidad, sino autoalteración de lo social a través de los conflictos encarnados por actores. Primero surge de la capacidad de crear una empresa para producir y transformar, es decir, «el trabajo que la sociedad moderna cumple sobre ella misma».

Donde la sociología vio continuidad, estructura y petrificación de lo social, Touraine discernía discontinuidad y movimiento. Tampoco dejaría de lado su apertura disciplinar: teórico omnivoro y fundamental, supo darles en su obra un rol a sus lecturas del psicoanálisis, de Nietzsche, Foucault, Dumont o Hirschman, entre otros.

En su larga vida fue permanentemente productiva, al punto que lo que muchos otros pretendieron encarar en los años 90 Touraine lo había cumplido al final de los 70.

En los años 60, cuando muy pocos académicos simpatizaron con el Mayo inglés, Touraine tomó nota de lo que logró y apoyó a los líderes de la revuelta. Y así, también, en una visión audaz y anticipatoria respecto de lo que parecía imposible, la caída de la URSS, ensayó una sociología comprometida e intervino tan activamente en las luchas sociales que llevaron al derribo de la dictadura en Polonia como en la solidaridad con las luchas que se libraban en america latina. Su compromiso con la igualdad era tan lúcido como su reivindicación humanista de la libertad que interpretaba como una herencia de su diálogo con el cristianismo.

*Profesor de la Universidad de San Martín.

Publicado originalmente en noticias.unsam.edu.ar

Por Claudia Morales