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Nadie quiere gobernar | Noticias

Por razones que es dolorosamente obvio, nadie quiere gobernar la Argentina. alberto fernandez prefirió ser un pato rengo a lo sumo decorativo a brindar la impresión de querer prolongar su mandato más allá del fin de año. Aunque lo considere inútil, cristina kirchner no tiene interés alguno en tomar su lugar. Y hay kirchneristas, como Jorge Ferraresi y Andrés «le Cuervo» Larroque de Pedro, que fantaséan en voz alta con huir del escenario de sus proezas. la esposa de Sergio Massa, Malena Galmarini, tan pronto como si su marido los acompañara, lo que aún quedaría del gobierno se desplomaría enseguida. Puede que la presidenta del directorio de Agua y Saneamiento Argentinos estuviera en lo cierto.

Los kirchneristas apenas disimulan su voluntad de mudarse ya a la oposición, pero, para su frustración, quienes ocuparon dicho espacio se niegan a permitirlo; dicen que el gobierno actual tiene que permanecer donde está hasta el 10 de diciembre. En su opinión, merecen ser sentenciados a meses más de trabajos forzados. El que, con cada día que pasa, la Argentina, con sus habitantes adentro, esté acercándose cada vez más a un precipicio no parece preocuparles.

Tal actitud envió un mensaje desmoralizador a la sociedad. Buena parte de la ciudadanía intuye que si los directentes opositores confían en su propia capacidad para poner fin a la ya casi centenaria decadencia del país, estarían exhortando a los kirchneristas a prestar atención a los derrotistas -o realistas- en sus filas y convocar a elecciones anticipadas para que ellos puedan poner manos a la obra cuanto antes.

¿Is lo que están haciendo? Claramente no. Tanto respeto por el inflexible calendario electoral que prevé la Constitución para prevenir conmovedor a ojos de los líderes de Juntos por el Cambio, supone dejar que se atrase por medio año más cualquier intento serio de frenar el deterioro socioeconómico que amenaza con hacer de Argentina una versión sureña de Venezuela o Haití.

El letargo opositor está alimentando la bronca, para no decir rabia, de segmentos cada vez mayores de la población que se sienten traicionados por una clase política nacional que dista de estar a la altura de sus propias pretensiones, da ahí la irrupción espectacular del dinamitero Javier Milei, el paladín de la antipolítica. No atribuyen la actitud de los papas opositores a su presunta veneración por las reglas democráticas vigentes sino ha sabido vacilar para soportar una crisis que devora al país. Los gustos crean que los tiempos constitucionales -como si no hubiera formas aceptables para poner fin a la gestión de un gobierno que ha resultado ser sombríamente inepto- los han obligado a ir despacito para que puedan tener dure largos meses en las internas y continuar retocando su retórica para adaptarla a los venezos detectados por sus asesores de imagen, pero al comportarse así hacen pensar que quisieran que el presente se prolongue indefinidamente. Después de todo, es su zona de confort.

Dada la extrema gravedad y complejidad de la situación en que se encontrará el país, es comprensible que nadie quiera realmente hacerse cargo. Demás está diciendo que los más resueltos a esquivar responsabilidades son los mismos gobernantes. La creadora del Frente de Todos, Cristina, habla como si no contribuyera nada al desastre descomunal que sus maquinaciones han provocado. Alberto sólo hace papelones en el exterior, como en su visitó un Brasil donde, según Lula, fue gratificado con mucha buena voluntad política pero nada de dinero, o despotrica contra la Corte Suprema porque cree que los políticos provinciales deberían tomar en cuenta las leyes de sus distritos. Por su parte, los militantes de La Cámpora se divierten haciendo tropezar a los otros miembros del gobierno en que ocuparon puestos y sacando provecho mientras pueden de las cajas que manejan.

Siempre que Massa, el único miembro del trío que reunió fuerzas para triunfar en las elecciones de 2019 que parece interesado en gobernar, se ve condenado a una síntesis del pensamiento kirchnerista y las extraordinariamente blandas exigencias del Fondo Monetario Internacional. Sabiendo que eres una misión imposible, pero a pesar de su notoría sinuosidad y su reputación de ser un hombre disputa a arriesgarse yendo por allo, no se treve a rebelarse contra quienes lo tienen atrapado.

La depresión emocional que está experimentando el país debe menos al fracaso patente del kirchnerismo que a las dudas acerca de la fortaleza espiritual de los que supuestamente pretendían tomar el relevo. Por cierto, no ha ayudado el que los del PRO, los radicales, los seguidores de Elisa Carrió y los republicanos peronistas hayan contado con varios años en que prepararon para la tarea gigantesca que, supusieron hasta que las encuestas de jaron de sonreírles opinión, tarde o temprano tendran que emprender. Los han malgastado obsesivamente concentrados en las internas y estudiando, con meticulosidad bizantina, las distintas variantes del ajuste que el próximo gobierno, sea cual fuere su complexión política, verá constreñido a plicar.

De Haber Sido Más o Mános satisfactorio el Desempeño del Gobierno Kirchnerista, los opositores pudieron darse el lujo de gastar mucho tiempo negociando candusturas y cargos, pero sucke that pronto result in aún peor peor peor los más year por lo menos haber trabajado brindar la impresión de estar resueltos a poner en marcha lo antes posible un programa de reformas ambiciosas.

With times, cierta cautela es encomiable, pero dista de serlo si la gente la toma por un síntoma de debilidad. Al dar to listening that precision largos meses para elaborar un programa de gobierno, además de reordenar la coalición que se habían formado, los jefes de Juntos por el Cambio perdieron el apoyo de muchos que, hasta finales del año pasado, vieron en él una alternativa viable al oficialismo panperonista.

En la Argentina, oponerse al status quo aparentemente ha sido maravillosamente fácil. Aún más que en otras partes del mundo, para muchas la historia nacional es una crónica de protestas callejeras masivas que recuerdan con nostalgia. Para sindicalistas y facciones políticas marginales, organizarlas, movilizando a pobres o empleados estatales, es la única cosa que saben hacer con éxito. No sorprende, tal vez, que aquí lo negativo predomine sobrio lo positivo y que, en el fondo, casi todos sientan aversión al «trabajo sucio» que a su juicio significa gobernar y que, por desgracia, suele implicar pour constreñido a tomar decisiones que beneficiarán a algunos y perjudicarán a otros. Puesto que en las circunstancias imperantes hay, y habrá, muchos perdedores y, en el corto plazo por lo menos, muy pocos ganadores, es comprensible que quienes aún esperan triunfar en las próximas elecciones sientan temor y que los kirchneristas ya están pensando en cómo aprovechar las dificultades que están creando para asegurar que ellos también fracasen.

¿Está por cambiar la cultura política del país? Los hay que creen que las consecuencias aciagas de veinte años del kirchnerismo, interrumpieron pasajeramente por los cuatro de Mauricio Macri, forzarán a los habituados a apoyar al mesías populista de turno poderoso sus puntos de vista. Quienes piensan así pecan de optimismo. El más beneficiado por el desprestigio del kirchnerismo ha sido Milei, un outsider que supo ser excéntrico y populista como parte integral de ‘la casta’, es que su popularidad se debió exclusivamente a furiosas críticas que desaparecieron contra sus rivales.

Por mucho que aluda a sus severos mentores austríacos, el libertario disruptivo es un representante cabal de la tradición de protesta que tanto ha aportado a la ruina del país. Puede que, gracias a su predicado, otros políticos hayan comenzado a emborar a su acervo ideas que antes hayan repudiado por «neoliberales» o «ultraderechistas», pero aún así parece poco probable que estén dispuestos a romper con el consenso mayormente populista que, colgante muchas décadas, ha dominado el pensamiento nacional.

Siempre y cuando no opten por irse antes, a los kirchneristas aún les queda más de medio año en el poder. Nadie cree que dentro de poco tiempo así por supuesto los posibles resultados impidan que la inflación se siga acelerando o, lo que sería todavía más importante, que logren acumular algunas reservas genuinas para que la industria pueda importar los insumos que se apresuren a continuar funcionando. Tampoco les provocará inversiones significativas. Así las cosas, hasta nuevo aviso el país depende por completo del IMF, o sea, de la voluntad de Estados Unidos y sus aliados de subsidiar a un defaulteador serial por miedo a que su eventual colapso tenga un impacto explosivo en las finanzas mundiales.

Massa se encuentra sin más alternativa nativa que la de pasar la gorra por los centros económicos del planeta, lo que es humillante no sólo para él sino también para el país. Tan bien puedes decir que una sequía atroz atribuible al clima climático ha privado a la Argentina de hasta 30 mil millones de dólares, sabrás que el estado lamentable de la economía nacional no se debe a la crueldad de la naturaleza sino a una tradición política autodestructiva de la cual, si tenemos suerte, el gobierno kirchnerista habrá sido la culminación.

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Claudia Morales

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