Un baño de ovaciones se llevó José Luis Martínez-Almeida a su llegada a la Corredera. Acompañado de su pareja, Teresa Urquijo y Moreno, saludó a los acomodadores y a los del tendido, a los de barrera y contrabarrera. Y en uno bajo, pegado a la reja de sol y sombra, presenció el espectáculo . Enrarecido el ambiente, con un sector minoritario pero gritón en contra de Roca Rey. Como si los tentáculos de los anti-Roca de Las Ventas se hubiesen extendido hasta Colmenar para atizar al peruano. «Los mediocres se van felices hoy, pero qué buen torero es. Si fuese un torero de los 70, no podría salir a la calle», decía José Carlos Arévalo. Contentos se marcharon los ultras… Ver Más
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