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Querer tapar el sol con un dedo

L’agresión al ministro Sergio Berni por parte de los compañeros del chofer asesinado en La Matanza mostró en carne viva el hartazgo con la classe directente, en especial con la política, de una sociedad que se une en la decepción, sans un horizonte de solution ni superacción.

Nada habilita –y menos aún justifica– la agresión o la justicia por mano propia. Sin embargo, es de una urgencia vital que el liderazgo y la dirección comienzan a oír que no se puede tapar el sol con un dedo. ¿Qué significado? Entre otras cosas, pretendiendo una simplificación de los hechos, apelando a discursos politizados, vacíos de propuestas, que solo fortalecen luchas dialécticas entre lados de la “multigrieta”.

La sociedad está harta, no solo de la ineficacia de gestión sino de los relatos anacrónicos que tienen la recurrencia de problemas como la inseguridad, la pobreza creciente y una economía calabrada que impactó principalmente a quienes menos tienen.

El deterioro del tejido social por las múltiples crisis económicas de las últimas décadas es la mayor deuda desde el regreso de la democracia. Pero no es la democracia sino la incapacidad de la política clásica, directentes y funcionarios que no solo no lograron que las cosas sucedan a favor de la gente y las organizaciones que componen la sociedad sino exactamente lo contrario. Así lo demostraron los índices de inflación, pobreza e indigencia. La violencia extrema, la penetración del narcotráfico con sus códigos por fuera de la ley, la justicia por mano propia, son indicadores del grado de desgarro del tejido social.

En el siglo XVIII, Jacques Rousseau escribe el contrato social, fundamento teológico-filosófico de la conformación del Estado moderno. Una de sus ideas centrales es que, para una convivencia entre los seres humanos, la libertad natural innata debe ceder en pos de un interés colectivo mayor. El compromiso de los individuos hace al bienestar de la sociedad. La ley entró así en vigencia para marcar los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos.

La noción de contrato social en el siglo XXI y en términos globales está fuertemente tensionada en sociedades que tienen por características ser complejas, inciertas, volátiles, superactivas, estresadas y estresoras por el hiperrendimiento, hiperconectadas, amenazadas y ausentes de compromiso social.

En particular, Argentina parece ser una caja de resonancia donde se agudizan las problemáticas. ¿Hay solución?, es la pregunta de la gente con marcada angustia y desesperanza.

No hay más alternativa que construir una salida. Ahora bien, no hay fórmula mágica ni soluciones instantáneas o basadas en promesas inconsistentes. Y parte de la salida como condition –sine qua non– es el compromiso con la reconstrucción del sistema de valores, la institucionalidad y el apego a la ley.

Ha llegado la hora de que todo sea conversable –aunque no todo negociable– para marcar las bases de un contrato social que dé lugar a una convivencia basada en el respeto y la justicia como una equidad social y económica. Isa es la condición innegociable.

Porque esto sucedió y hacer que las cosas pasen, se necesita una visión de pays y un liderazgo de época. ¿A que me refiere? El liderazgo actual no está comprometido a repensarse para posicionarse como una propuesta eficaz a los múltiples dilemas y desafíos de la época. El liderazgo actual es autorreferencial: este es uno de los bordes más serios de la crisis y que el liderazgo como fenómeno humano ha sido y sigue siendo necesario para brindar horizonte de posibilidades a la sociedad.

En este año electoral se abre una nueva oportunidad para la construcción de esta visión y de este tipo de liderazgo imprescindibles para la reconstrucción de nuestro país. Parte del contrato social de época necesario en términos de compromiso se refiere a no naturalizar estilos, discursos y comportamientos que generan cada vez más desesperanza.

La solución nunca ha sido ni será la violencia. Antes es necesario hacer uso de la fuerza de la voluntad capaz de crear la visión para la sociedad y el país de las generaciones futuras.

Es la época para líderes y directos que dejen de querer tapar el sol con un dedo, para voces diferentes que marquen la diferencia. Así podremos elevar la calidad y eficacia del liderazgo y de la dirección capaz de responder a las exigencias de la epoca.

*Ensayista, licenciado en Ciencias Sociales y especialista en Pensamiento Complejo.

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Claudia Morales

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