Fue el 3 de agosto cuando sergio masa accedió al escalaón más alto al que podía aspirar bajo el esquema del Frente de Todos. Lo hizo en un contexto endemoniado, con todos los desequilibrios a la vista y con una brecha cambiaria que rondaba el 120%. La devaluación que exige el mercado –y Massa tantas veces había promovido en privado como salida virtuosa ante la crisis– esta vez era lo único que tenía vedado por la vicepresidenta. “Este barco se está hundiendo y yo no tengo escapatoria. Me voy a jugar para sacarlo a flote”, le dijo el nuevo ministro en esas horas cruciales a uno de los económicos que no quiso acompañarlo. Era una parte de la verdad.
La otra se podia anunciar en las imagenes virales de la militancia del Frente Renovadorque se entregaba al clima de fiesta en la casa rosada. Será un violento contraste con la crisis que vivía el país y con la cara del presidente alberto fernández, invitó a lo que parecía ser su propio funeral político. Pero expresó la excepcional ocasión ante la que el el massismo finalmente se atascóproducto de la debilidad general de una sociedad de gobierno inviable, que ya había quemado todas las naves.
Era el gobierno por defecto del que había esperado su oportunidad agazapado, mientras que los principales socios de la alianza se dañaron entre sí, sin beneficio de inventario. Era la entrega anticipada del poder que la vicepresidenta le obligó a hacer a su elegido Fernández in manos de Massa, el político que tenía la ambición de ser candidato a presidente desde una década atrás, pero había cometido la herejía de emanciparse de CFK. Era la posibilidad de cierto que el peronismo de cristina kirchner girara sobrio sus Propios pasos en la historia y comenzara a desandar el camino de dos decadas en la politica. Era el salvoconducto para que la jefatura de La Cámpora dejara de denunciar el ajuste de Guzman y pasara fascinarse con la estampa de ese Masa que se movía como dueño entre las mesas del establecimiento. Era el pasaje de un populismo de larga duración a un experimento de poder que estaba dispuesto a llegar casi todas sus banderas con tal de no regresar a la intemperie.
*Por Diego Genoud, autor periódico de «El arribista del poder», d Siglo XXI.
por Diego Genoud*
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