Seguimos en modo mundial y para eso tuvimos que llegar a Goya, Corrientes, donde se realizó en estos días la edición número 46 de la Fiesta Nacional del Surubi, Nuestro mundial de pesca, hasta el 30 de abril con numerosos espectáculos musicales, elección de la reina, gastronomía en general, paseos y todo lo que ofrece el predio Costa Surubí. Pero la verdad es que queríamos saber cómo estaba el río Paraná a esa altura y así nos pusimos en contacto con Pedro Sa, presidente de Co.Mu.Pe. (Comisión Municipal Permanente de Pesca), entre ellos Javier Enrique, guía y propietario del Campamento La Amistad, quienes en conjunto se brindaron al ciento por ciento para que todo saliera de mil maravillas. Con Pedro viniendo estamos hablando de todo lo que se está armando, deel ambiente festivo y de cómo preparó a Goya para recibir a más de 50.000 personas durante una semana. Y con Javier hablamos solamente de pesca, la situación del río, el pique y cómo va creciendo su lodge ubicado sober el arroyo El Soto, lugar emblemático con las mejores comodidades.
Se terminaron las charlas y llegó el momento de preparar todo, buscar el día y llegarnos hasta este paraíso correntino. Obviamente, la era de la idea pescar solo surubíes en la cancha del concurso, para lo que llevamos cañas entre 2,10 y 2,50 m de largo de accion de puntarotativo y/o bobinas de perfil bajo cargado con algunos con nylon de 0,45 mm y otros con multifilamento de 40 lbs (1 lb = 0,453 kg). Otras variantes plomos corredizos entre 20 y 80 g, redondos de preferencia, y anzuelos 7/0 al 9/0 atados con cable de acero de 50 lb, no porque haga falta con el surubí, sino por la posibilidad de pique de algún dorado. Si se preguntan si se puede usar plomos con ganchito… si, se puede, solo debemos agregar un mosquetón con esmerillon en el pedacito de nylon/chicote donde cor la plomada. Como carnada solo morena en todos sus tamaños: chica, botellona y mamacha. Teníamos el lugar, el parador y todo lo teórico para la pesca, solo nos restaba someter al auto y emprender el viaje.
En esta oportunidad me acompañó mi amigo Luis Chichi Yañez. Sí pozo de madrugada, para esquivar un poquito, solo un poquito, la caloría agobiante que nos venía azotando desde varios días atrás, emprendimos nuestro viaje. Atentamente, no hubo mucho tráfico. Antes de llegar pasamos por Esquina a visitar a unos amigos y, sin hacer locuras, llegamos en tiempo y formamos a la rotonda de ingreso de la ciudad de Goya. Nuestros pusimos en contacto con Javier y Pedro, Fuimos hasta la guarderia y cargamos los bartulos en las dos lanchas que nuestro llevarían hasta el Campamento La Amistad. Es un viaje de 40 minutos aproximadamente, navegando el río Paraná y entrando al Guarapo para desembocar en El Soto. En esta oportunidad el Paraná estaba muy alto, casi irreconocible tras lo que venía viviendo a causa de la sequía.
Hacía muchísimo calor, por lo que usaron bajar en el campamento, prepare todo y espero que caiga el sol para salir a hacer una pesca nocturna. Todos los muchachos encargados de la isla nos esperaban con bebidas frescas y un fuego incipiente que prometía una rica cena para después de pescar. Mientras esperábamos el momento me puse a charlar un rato con Pedro Sa acerca de su programa Bitácora del Litoral, sinónimo de buenas vibras entre los pescadores. En eso escuchamos al guía decir: “¿Van a tardar mucho? Porque yo me voy a pescar…”. Subimos a las lanchas y fuimos a recorrer pesqueros sobre El Soto.
Anclamos, encarnamos la morena y líneas al agua. el cuento que mientras estábamos tirando la tercera caña ya nos había picado un lindo cachorrito de surubí, Al loco. «Yo se los anticipé -nos decía Javier- hay mucho pique». Así se sucedieron varias capturas simultáneas, casi en espejo le pasaba lo mismo a otra lancha amiga que estaba cerca de nosotros. Pasado un rato, levantamos el ancla y nos fuimos hacia el Paraná para buscar alguna zona que nos permitiera anclar y tentar algún surubí. Como ya dijimos, el río estaba muy crecido y dificultaba encontrar buenos veriles. La luna illuminaba todo: estábamos pescando en una postal. Los piques fueron más esporádicos que dentro del delta, pero salieron algunos que llegaron al metro de largo ya unos 8 o 9 kg de peso.
No hacía ni dos horas que estábamos pescando y la verdad es que ya usamos todas las fotos que necesitábamos, por lo que volvimos al campamento para una rica cena. ¡Ah! Allá cantidad de bichos que habia durante la pesca no se las puedo explicar, insoportables. Solo los aguantamos por y para la pesca. Tras el regreso disfrutamos de una cena muy amena y uno de los pescadores que no había tenido mucha suerte y fue blanco de varias cargadas pidió sucio a ratito más para revertir la racha. Así fue como nos cruzamos de orilla y al borde de la laguna La Colacha volvimos a tirar el ancla, a pelear contra los bichos ya encarnar para una nueva pesca. Enseguida volvió a picar los surubíes, no eran grandes, pero sí abundantes, así que se avisora una hermosa fiesta.
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