Ya con el invierno en marche, fuimos en busca de otro de los contornos que supo support la gran ola de calor y sequía que nos dejó el verano pasado. Después de una charla telefónica con Gustavo Gregorini, guía de pesca y conocedor de varios entornos lagunares, nos propusimos ir en busca de las flechas de plata a Los Claveles. Luego de coordinar detalles, partimos junto a mi padre, Nicolás Albanese, y el amigo Jorge Olguín, para transitar los 500 km que nos separaban de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por las rutas 3, 226, 51 y 76.
El alojamiento estaba previsto en Sierra Chica, donde Gustavo y su familia nos agasajaron con la cena, y donde ultimamos detalles previos a la jornada que nos esperaba a la mañana siguiente. Desde este momento, el traslado hacia la laguna y todos los servicios los realizaría la guía en vehículo privado.
La laguna está ubicada en el partido de General Lamadrid, cerca de la localidad de Líbano y está dentro de estancias de propiedad privada. El espejo tiene una extensión aproximada de 550 hectáreas, con una profundidad media a los 2 m cuando se encuentra en el mayor nivel. Sus costas poseen un suave declive con toscas y pequeñas barrancas. Hay sectores de juncales ralos y vegetación sumergida. Se alimenta a través de agua de lluvia y no posee afluentes ni emissarios. Las especies que abundan en Los Claveles son: pejerreyes, bagres, dientudos y tarariras. En caso de lluvias, el ingreso a la laguna es imposible, por eso es conveniente comunicarse previamente con la guía.
Utilizamos cañas telescópicas de 4,20 m, cargas reales con nailon de 0,26 mm y multifilamento de 0,12 mm, aparejos de tres boyas en distintas gamas de colores y modelos, eso va en gusto de cada pescador, lo importante es que la línea garetee para ganar mayor distancia desde la embarcación (los piques en su mayoría se dan lejos). Las brazoladas fueron variando entre los 40 cm y 1,80 m. Pero hubo un aparejo que marcó diferencia de piques: el paternóster con tres anzuelos y con un plomito al final de la línea. En ambos casos utilizamos anzuelos N° 1/0 y las carnadas fueron variadas: mojarras vivas, saladas y en harina de maiz, y filetes de dientudo y de pejerrey. También podemos utilizar colorantes para teñir los cebos (rojo, verde y amarillo).
El lugar no cuenta con ningún tipo de infraestructura ni muelle, es bien agreste, lo que nos lleva a botar la lancha por nuestros propios medios. Aquellos que no desean embarcarse pueden disfrutar de una pesca costera o al vadeo. El fondo es rocoso y bien consolidado. Desde tierra firme lo recomendable es llevar a cabo equipos de lanzamiento con líneas de fondo para ganar la mayor distancia posible.
Luego de haber navegado unos 600 m de la costa, anclamos en un lugar elegido por la guía, muy cerca a la orilla contraria de donde botamos la embarcación. Un sector que siempre paga muy bien conviento de espalda. Terminamos de armar los equipos y encarnamos prolijamente los anzuelos con carnada voluminosa (dos mojarras rematadas con un filete de dientudo creciendo del anzuelo). Lo ideal es ir variando la carnada y alternando los encarnes con filetes coloreados, lo que funciona muy bien para imprimirle mayor movimiento a nostros cebos.
Ni bien arrojamos nuestras líneas al agua, la acción llegó de inmediato y los piques fueron seguidos: es como si las flechas de plata nos hubieran estado esperando en ese rinconcito de la laguna. Allí logramos dobletes muy parejos que rondaron los 40 cm y nos quedamos sorprendidos de lo tan activos que se encontraron los pejerreyes.
La mañana comenzó con buen clima, templada templada y algo deviento del sector Norte. La oxigenación de la laguna estaba perfecta para estos combativos pejes. En la modalidad de pesca a flote futmos variando constantemente la altura de las brazoladas entre los 40 y 80 cm: el testeo fue continuo y la sorpresa, que las flechas andaban en distintas profundidades y eran muy voraces. Pero cabe destacar que la diferencia en los piques la tuvimos con la línea paternóster. Este ámbito tiene la particularidad de que si no se llega a planchar por falta deviento, el pique no se nos va a cortar rotundamente, es ahí cuando nos da la opción de buscar a los pejerreyes con línea paternóster. Así y todo, este primer sector de la laguna nos pagó de forma exitosa: un buen augurio para esta temporada.
A las 14 horas modificaríamos cambiar a otro punto: navegaríamos hasta un sector de juncos con buenos claros. Mientras avanzábamos a bajas revoluciones, observamos la gran población de pejerreyes en superficie que tiene el espejo, lo que nos llevó a asegurar que Los Claveles puede llegar a ser una de las lagunas con mayor rendimiento de esta temporada. Algo para destacar es que el pejerrey se encuentra muy sano y muy bien alimentado, lo que da la pauta de que año tras año nos sorprende con algún matungo fuera de lo común.
Por mi parte, decidí cambiar de aparejo, y rotar los modelos y colores de las boyas como para seguir realizando un sondo aún más a fondo. Me tomé unos minutos para ponerme el wader de neoprene y vadear la zona de juncales. Me bajé de la lancha con las sierras a mis espaldas, encarné y volví a la acción nuevamente. ¡Los piques estaban allí! No había color o modelo de boya que opusiera resistencia: los ataques no decaían. Por otra parte, los aparejos de Gustavo, Jorge y Nicolás concretaban piezas de muy buenas puertas, y hasta dobletes de pejerreyes. Algo fantastico de ver era como los aparejos salian disparados en la superficie para un lado y para el otro, lo que nos daba la pauta de la gran poblacion que posee el ambito.
Los lances en este sector fueron más cortos, porque tratábamos de ubicar las líneas engañosas pegadas a la pared de juncos, y había estos robustos matungos de Los Claveles, con porte que superaban los 45 cm y que tomaban loss de nuestros aparejos sin cautela alguna . Para hacer aún más tempadora la acción, optamos por agregar carnada más grande a los anzuelos, y para ello cortamos los filetes de dientudo en largas y finas tiras.
La idea será encontrar esos matungos rezagados que jugaban del otro lado de la línea pero no los podíamos concretar. El cambio de lugar fue exitoso: las piezas superaban los 800 g previo a que la jornada llegara ha terminado.
La tarde fue soñada y ninguno de nosotros quería abandonar la caña. Todo acompañó a la pesca: las aves autóctonas se hicieron presentes, igual que las grandes lomas del contorno lagunar. Estábamos pescando en un paisaje tranquilo y soñado. Este ámbito prometió mucho para la temporada y su población de pejerreyes resistió muy bien las altas temperaturas que nos dejó nada este verano pasado, un dato menor. Sin duda, Los Claveles vuelve a marcar tendencia ya ocupar un lugar en la agenda de los pescadores.
LA CARNADA
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