¡Ya lo notaste! Lo más publicitado no son las gaseosas que procuran felicidad, o las cremas que te quitan años y prometen ese suave cutis culito de bebé. ¿Dirás las iglesias que te dan la salvación eterna en un tris y por apenas un diezmo? Buffer.
¡Un adivino! Son los negocios que nada (apenas) venden y que solo compran. ¿Qué no puede ser? Sí, hasta te compran el alma, si te queda aún. Porque saben de tu desesperación y de tu perentoria necesidad de llegar al final de mi con un plato de comida para los tuyos. Saben que entraste en deuda como la mayoría de los ciudadanos y no hay credito que te bank, pues ya se lo fumó todo el Estado.
Y caminando, caminando, encontrás al salvador que de puro amable y por cuidarte bien, se lleva tus recuerdos mas queridoslo que reservabas para un momento dramático de la vida o el estudio de tus hijos o su casamiento.
Los cordiales aunque serios profesionales de la tasación se preocupan por el uso que dan al dinero, que te entregan como por arte de magic, de esa cornucopiaa contador de billets sin valor. Es que al toque calientan tu bolsillo y congelan tu alma.
Es raro, ninguno de los actores de pacotilla, tan parecidos a la menguante y desvaída clase media, dicen que tapan el agujero negro de su presupuesto. No, todos tienen un proyecto sublime, que una peluquería, un viaje anhelado o fabricar algún triquitraque inservible. O mer, no resumen dolor, no hieden a mortificación ni culpa.
Incrementar 100% la cantidad de gente que vende su oro
En verdad te das credito a vos mismo ya su vez, descredito.
Compra en pesos y vende en dólares azules. Sí: el oro 24 vale $19,600 y lo venden afuera, así dicen ellos, a dólar blue: $39,200. oh mar de $34 a $68. La diferencia explicada por qué pueden pagar tanta publicidad en “prime time”. Me oscureció con veces, que los periodistas que intentan hablar de verdad y la verdad, algunos a quienes creo, te lo cuentan como si ofrecieran una marca de vino o un pañal que absorban hasta las penas. ¡Ay, esas metáforas groseras!
No está mal que se ofrezca donde vender tus alegrías, porque es la desesperante época de vacaciones de nuestros ahorros. Se necesita saber dónde y eso es marketing. Pero es increíble como al mejor estilo de René Laban, ese magnífico prestigitador, ya fallecido, que al decir que el truco no se puede realizar más lento, te engaña y asombra en todas. Acá realice el truco de que no sólo sea natural vender las joyas de familia, sino además una virtud moral.
Hasta una locutora trina transfiriéndote su ciega confianza e int’a convencer desde el fondo de su alma que estos mercaderes están para hacerte un bien. Hasta una grande de la pantalla los publicita. Debe ser que se preocupan tanto por vos como por mí, los ciudadanos, o quizás sea que renten los “sellos”, que al final de las cuentas pagamos los engatusados. ¿Ves el círculo virtuoso?
Joyas: cómo elegir los mejores complementos para esta ocasión
Sin duda tienen buenos redactores publicitarios, pues dicen que «no se aprovechan de tu necesidad, pues pagano un precio justo”. Pero sí se aprovechan de tu necesidad y el precio, ¿será justo? Además, dices que “las personas –ni en pedo van a decir fallecidos: tu papá o tu abuelase van a poner contentos si usas esa alegría para una necesidad”.
Esta operación es parecida a la reunión de la familia celestial de una religión cristiana, que se bautiza a fallecidos, hasta de otros credos, pero sólo si lo consienten. Una rara pirueta metafísica ¿o es pura teología?
La verdad se expresa en la enigmática frase: «Lo que regalas, queda en el alma» Frase canalla e incompleta: «Lo que les regalás a ellos, queda en su bolsillo, pero a vos te queda la pena, sí, un agujero en el alma, por haber traicionado a los que te quisieron, a los que te dieron lo mejor que podría: tus padres. Pero también a tus hijos, pues eso era para ellos. A eso ¿no se lo llama transmisión generacional?
Pero no sin piedad, avanzan y te dicen frases siniestras como «¿para qué dejar en el cajón lo que puede tener uso». Ya te diste cuenta: ¡el cajón! Que poco respeto.
No merecemos sufrir el embate televisivo y ese bastardo hostigamiento para que les entreguemos nuestras joyas
Otros van por «hay a quien confiar en nuestras cosas valiosas». Pero si no son gente de nuestra confianza, no son familia, por el contrario, son cuervos al acecho, no dije chupasangres, ¿o si?, si no que más bien el mensaje subliminal trata de convencerte a que ofrendas tu yugular, hasta quedar segundo. ¡Pero contento y sin culpa!
Luego viene la moderna de “no viene mal hacer un cambio” – el cambio lo hacen ellos- que es la consigna que arrasa concultura, tradición, educación, la morale que te enseñaron tus padres y los valores ciudadanos. Claro: al que se queda en el pasado, se los hace polvo. Incineran todo.
Pero implacables estudiaron todos los costados del negocio. Hasta hay un lugar donde «respetando el valor de vuestros afectos». Huelga un comentario, indecoroso para un medio. Ver: ¿cómo los respetan? Además de hacer un increíble brinco metafórico. Ver: ¿Cuánto cuestan mis afectos?
Ya viene la contadora de billetes, con su erótico “zum-zum” de fondo que, junto con elvientito que te da en la cara (lo sentís desde tu tele, sí) también irradia el dulce aroma del vil billete. Todos ríen al cobrar, agradecen el trato amoroso y el auténtico interés en ellos, anuncian que volverán y darán a conocer a los suyos, a gente tan de confianza. A pequeño festín dionisíaco, exultante y maníaco, pero la verdad es otra.
La escribe Miguel Ángel Montero, Tucumano (1922-1975) y la canta con Apulia: antiguo reloj de cobre:
Ella es la que parece en los nudos de la ilusión, como en esta película de Woody Allen. Pero la pena, el dolor, la tormenta culpable y la sensacion de traicionarse, son de uno. Sabiéndolo, uno se autoriza y decide, no tiene otra opción para salvarse y salvar a los suyos, aunque sea por un tiempo, habitando la penosa sensación de estar inerme hoy y falto de seguridad frente al destino.
Pero para ello no necesito el verso, la trampa, la indulgencia, ni necesito hacermelos. No merecemos sufrir el embate televisivo y ese bastardo hostigamiento para que les entreguemos nuestras joyas y de final, nuestro entreguemos nosotros también.
Ahora solo queda trasladar la desfachatez de este engaño masivo, a la retórica en la política. Te come crudo, como siempre, una vez más. Si ya.
Por ello, el estar despierto en el ejercicio de la ciudadanía, el «no comer vidrio» es lo que permite decir ¡Basta! Una vez más y siempre.
*Psicoanalista, negociador, profesor, escritor, coreuta.
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