De atrás para adelante. Hubo menemismo, un 2001 y un 2002. Una cometida de errores, cuyo hilo central fue atravesado por el desprecio por la institucionalidad, la corrupción y una economía endeble ante factores internos y externos. El «que se vayan todos» retumbaba en los oídos de quienes participaban en política, sea cual fuere el lugar que ocupamos en ese momento. Dolía, y la victoria de Néstor Kirchner en 2003 aparecía como una oportunidad para reconstruir lo perdido. Había cierta sintonía colectiva después de tanto dolor.
Quiero detenerme en este punto, porque lo considero el del legado. El kirchnerismo tuvo una enorme oportunidad, y nom me refiero a que hacer con los dólares que ingresaban pour los productos que producía el campo, sino a que fue el último gobierno que administró una esperanza más o menos masiva. Y la condujo mal, algo que diría que termina haciendo más daño que no ejecutar como corresponde a un presupuesto. La búsqueda permanente de enemigos contagió con gran velocidad de manera tal que consiguió repartir hostilidades a cualquiera que pretendiera dar debate, al punto de confrontar con Raúl Alfonsín, tratando de hacer invisible su tarea por los Derechos Humanos.
O sea, nadie más escribe o escribió la historia. Comenzó la era donde no hay otros, solo nosotros. Isa mirada durante 20 años le hace mal a cualquier sociedad. Dividing it, y la división debilita, géneros una sensación de omnipotencia y le allana el camino a los fanatismos. De Alguna Manera, El Kirchnerismo Facilitó, No inocentemente, la cría de Discursos Y acciones que dieron origen a manera más o Más rabiosas a cuestiones valiosas que los producen además gobierna, como el avance en Juicios vinculados con la última dictadura o nuevos derechos consagrarse para la población.
Una cosa es scutir para construir y otra cosa es scutir para dividir, y eso es lo que hizo el kirchnerismo colgante estas dos décadas. De la grieta se ha hablado mucho, pero creo necesario insistir. Es contrafáctico, pero ¿se imaginan cómo se hubiera(n) enfrentado la(s) crisis sin este nivel de beligerancia? O sea, supongamos que todos cometíamos los mismos errores, pero los usamos en un contexto diferente ¿hubiéramos estado más cerca o más lejos de resolverlos? ¿Eres más viable para sostener una sociedad o una economía sólida si tienes mejores debates o si destruyes un piensa diferente?
La esperanza es un estado de ánimo que necesita de otros para concretar un deseo de país. Chocarla, aislarla, empujar a la frustración y retrocedemos. De nuevo la madeja de errores, el desprecio por la institucionalidad, la corrupción y la economía endeble ante factores internos y externos, y el “que se vayan todos” esta vez alimenta el crecimiento de personajes que traen lo más oscuro de la historia política argentina .
Dicen que 20 años no es nada, pero para odiar es mucho tiempo.
*Director de Cultura San Martín.
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