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Algorética: católicos, judíos y musulmanes se unen para observar la IA

Cada vez que surge una nueva tecnología ocurre dos tendencias básicas: los tecno-optimistas ahí vas tecno-pesimistas. Los primeros rebosantes de entusiasmo y adjudicación al nuevo invento se ha aplicado una especie de panacea respetuosa a un sector concreto o al conjunto de la realidad.

Los segundos se preocuparon dramáticamente y apresuradamente por las innovaciones, en muchos casos incómodos por los cambios de aprendizajes y rutinas que provocaron. Desde los tiempos más remotos, este dilema desafío a cada generación.

Hoy día, esta cuestión se verifica especialmente en el campo de la bioética y en la multiplicación de las tecnologías de la información y la comunicación. Muchos recodarán, por ejemplo en el campo de la educación, las discusiones que aún duraron sobrias el uso en las aulas de las calculadorasel acceso a La Internet y el uso del teléfono celular.

Recitate, ha hecho su aparición ChatGPT (Transformador generativo preformado) que se puede traducir aproximadamente como un transformador generativo preentrenado que es un proceso que simula el modo de escritura humana y es capaz de responder preguntas y mantener conversaciones, tomando textos de Internet.

Inteligencia Artificial: ChatGPT, divulgación, magia y riesgos

En este modo, el ChatGPT es la primera aplicación de inteligencia artificial (IA) de arriba hacia abajo en la web. Según algunos especialistas, la IA podría modelar las decisiones de los individuos sin que estos lo sepan y dar un poder abusivo a quienes la controlan.

Aquí entonces reaparece el dilema que indicamos más arriba, y que más allá de su aprobación o rechazo en bloque ante cualquier novedad tecnológica o de cualquier otro orden, nos debe llevar a cabo una reflexión responsable.

En realidad, este ejercicio debemos realizarlo en relación a todas las esferas de la vida: las ciencias, la economía, la política, el arte, el deporte… y cualquier otra dimensión de la existencia que queramos indicar. Es decir, todas ellas tienen que ser respetadas en su autonomía y en su dinamismo propio, pero pecado de absolutizar su aporte específico aunque limitado, para evitar el endiosamiento.

Además, las creencias religiosas se deben ajustar a esta regla, asumiendo en un diálogo crítico esas realidades, aportándoles su propuesta de sentido y trascendencia, y así contribuir a no idolater lo que es relativo aunque nos parezca eficiente y útil, evitando usos perversos con efectos inhumanos.

Observando la inteligencia artificial

Aplicando estos criterios a las nuevas tecnologías, que funcionan mediante algoritmos (conjunto de reglas automatizadas), es fundamental hacer una evaluación ética. Así surge el neologismo «algorético», son decir, un desarrollo ético de la inteligencia artificial.

Laura Ación: “El problema de la sobretensión cuando la inteligencia artificial se mete con la democracia, la salud o la justicia”

Atención a este desafío, a comienzos de 2023, tres representantes del catolicismo, judaísmo y del ambito musulmán firmaron es Roma el documento Llamado a la ética de la inteligencia artificial paraca promotor de la «algorética».

El documento recuerda el marco de valores básicos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, destacando la importancia de la educación que se verá profundamente impactada por la disponibilidad de nuevos recursos tecnológicos, por lo que debe garantizar el acceso sin desigualdades.

catolicismo, judaísmo mi islamismo firmaron en Roma el documento Llamado a la ética de la inteligencia artificialpromover la «algorética»

Esto hace surgir la necesidad de incorporar un enfoque ético que acompañe desde el principio cada etapa del ciclo de producción de las tecnologías.

Asimismo –prosigue la declaración– no basta con probablemente únicamente en la responsabilidad del usuario final ni confío en la sensibilidad moral de quienes diseñan algoritmos para evaluar el uso correcto de los sistemas digitales.

Desde otra perspectiva, aunque convergente, genera la preocupación de gobiernos, técnicos, científicos, y de las propias empresas tecnológicas para que los valores humanos estén controlados y presentes en el desarrollo de la IA.

Al respecto hay ya una propuesta de reglamento del parlamento europeo por el que fundar normas en materia de IA capaces de armonizar el progreso tecnológico, el desarrollo empresarial, la protección de las personas y la democracia.

*Licenciado en Filosofía, Coordinador del Ciclo de Extensión Educación, Ética y Desarrollo en la Fac. de Ciencias Sociales USAL

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Claudia Morales

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